Carney Defiende Visita a Arabia Saudí: Debate FIFA 2034
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Carney Defiende Visita a Arabia Saudí: Debate FIFA 2034

El primer ministro canadiense, Mark Carney, ha defendido públicamente su viaje a Arabia Saudí, sosteniendo que el acercamiento diplomático no equivale a una aprobación de su historial en materia de derechos humanos. Al mismo tiempo, esta visita, y la necesidad de justificarla ante la opinión pública, vuelven a poner en primer plano las preguntas sobre la reputación internacional del reino y sobre si FIFA puede considerar cerrado el debate tras concederle el Mundial 2034.

Carney defiende su visita en medio de críticas por derechos humanos

El primer ministro canadiense, Mark Carney, ha defendido su viaje a Arabia Saudí, afirmando que “el compromiso no es una aprobación” y que Canadá no dará lecciones sobre derechos humanos “desde lejos”, según la cobertura de Al-Monitor sobre sus declaraciones en Yeda. Carney añadió que “comprometerse con un país no significa que estemos de acuerdo con todo lo que hace un país”, y sostuvo que la diplomacia cara a cara es más eficaz que la crítica pública formulada a distancia. Sus comentarios se produjeron mientras respondía a preguntas sobre la reapertura del diálogo con un país cuyo historial en materia de libertades civiles, expresión y espacio para la sociedad civil sigue generando escrutinio por parte de gobiernos, ONG y organismos internacionales.

Una visita histórica y nuevos acuerdos económicos

La visita marcó la primera de un primer ministro canadiense a Arabia Saudí en 26 años, y Carney viajó a Yeda desde la cumbre de la OTAN en Turquía para reunirse con el príncipe heredero Mohammed bin Salman. Según Al Jazeera, ambos países firmaron 13 nuevos acuerdos y memorandos de entendimiento (MoU) en sectores como salud y defensa, con un valor total de unos 1.000 millones de dólares. Los acuerdos abarcan minería, energía e inteligencia artificial, y la oficina de Carney indicó que algunos se formalizarán el próximo año; entre ellos figuran proyectos de cooperación en GNL, hidrógeno y captura de carbono, además de apoyo a empresas canadienses vinculadas a la minería y la energía limpia. Carney también se reunió con Amin Nasser, director de la petrolera estatal saudí Aramco, y afirmó que encabezará una delegación de fondos de pensiones canadienses para invertir en los sectores saudíes de energía e IA. Anadolu Agency informó además de que Riad y Ottawa firmaron un MoU para crear un consejo de coordinación conjunto destinado a avanzar en la relación bilateral.

Un giro respecto a la política de Trudeau

Este acercamiento llega después de años de tensiones bajo el ex primer ministro Justin Trudeau, cuyo gobierno criticó públicamente al reino por casos de derechos humanos, incluido el del bloguero encarcelado Raif Badawi, cuya familia terminó trasladándose a Canadá. Al-Monitor señala que las relaciones entre Canadá y Arabia Saudí se deterioraron en 2018, cuando Ottawa exigió la liberación de activistas, lo que llevó a Riad a expulsar al embajador canadiense y a cortar vínculos comerciales y de inversión. Carney presentó su viaje como parte de un esfuerzo más amplio para diversificar las relaciones comerciales de Canadá y reducir la dependencia económica de Estados Unidos, especialmente en un contexto de aranceles estadounidenses que han afectado a la economía canadiense.

Lo que implica la necesidad de defender la visita

El hecho de que un líder del G7 se vea obligado a justificar una visita por motivos de derechos humanos indica que el tema sigue políticamente vivo, y no resuelto. La distinción explícita de Carney —entre compromiso y aprobación— reconoce que persisten las controversias, al tiempo que intenta normalizar el contacto de alto nivel. En términos analíticos, cuando los líderes deben conciliar públicamente intereses comerciales o estratégicos con preocupaciones sobre derechos, suele quedar claro que las dudas reputacionales y de gobernanza en torno al país anfitrión no han desaparecido; simplemente se han compartimentado.

La decisión de FIFA y el debate sobre los derechos humanos

Arabia Saudí fue confirmada en diciembre de 2024 como sede del Mundial masculino de la FIFA de 2034 tras una candidatura sin competencia, una decisión que provocó una dura condena por parte de organizaciones de derechos humanos. Human Rights Watch (HRW), en una declaración conjunta con otras organizaciones, afirmó que adjudicar el torneo sin “protecciones significativas” ignoraba riesgos conocidos y las propias políticas de FIFA en materia de derechos humanos. HRW añadió que, al no existir una licitación competitiva, había

“poca posibilidad de rechazar candidaturas, no importa cuán deficiente sea la estrategia de derechos humanos o cuán grave sea el riesgo pendiente”,

y advirtió que las políticas de FIFA habían quedado “expuestas como una farsa”. En mayo de 2025, un grupo de abogados internacionales presentó una queja formal ante FIFA alegando que el organismo no estaba cumpliendo su política de derechos humanos, citando abusos en curso en Arabia Saudí relacionados con la libertad de expresión, la detención arbitraria, los derechos de los migrantes y los derechos de las mujeres.

Compromisos de FIFA y estándares de gobernanza

FIFA publicó en 2017 una Política de Derechos Humanos que compromete a la organización a respetar los derechos humanos conforme a los Principios Rectores de la ONU sobre las Empresas y los Derechos Humanos (UNGP), y a prevenir, mitigar y remediar los impactos adversos vinculados con sus actividades. La política también remite a las normas internacionales del trabajo y a la expectativa de que los países candidatos respeten esos estándares. Los Estatutos de FIFA incluyen disposiciones sobre no discriminación y buena gobernanza, y en ciclos recientes de torneos FIFA ha exigido a los candidatos demostrar cumplimiento en materia de derechos humanos y laborales, así como transparencia y consulta con las partes interesadas. Para el ciclo de 2034, FIFA elaboró una evaluación independiente del contexto y publicó una estrategia de derechos humanos vinculada a la candidatura saudí, materiales que la propia FIFA ha presentado como base de su gestión de riesgos. Sin embargo, los críticos sostienen que la ausencia de una candidatura competitiva debilitó la capacidad de estas políticas para operar con eficacia.

Derechos laborales, libertad de prensa y transparencia

Las normas laborales internacionales —en particular las de la Organización Internacional del Trabajo— establecen expectativas mínimas sobre libertad de asociación, eliminación del trabajo forzoso, no discriminación y condiciones de trabajo seguras, elementos centrales de los compromisos que FIFA afirma exigir a los países anfitriones. Las organizaciones de derechos humanos han expresado desde hace tiempo preocupación por el trato a los trabajadores migrantes en Arabia Saudí, incluidos los sistemas de contratación y las condiciones laborales en sectores vinculados a grandes megaproyectos. La libertad de expresión y la libertad de prensa también son componentes esenciales de los marcos de derechos humanos a los que remite FIFA; en ciclos de Mundial disputados, estos aspectos han sido objeto de un escrutinio constante sobre el entorno para periodistas y sociedad civil en los países anfitriones. Los mecanismos de transparencia y rendición de cuentas —como la supervisión independiente, la publicación de informes de reparación y canales de denuncia accesibles— suelen considerarse esenciales para dar contenido real a esos compromisos.

Qué sugiere el caso Carney para FIFA

Si los líderes mundiales siguen explicando públicamente sus relaciones con Arabia Saudí en clave de derechos humanos, resulta difícil sostener que el debate sobre su idoneidad haya perdido relevancia. La insistencia de Carney en separar el compromiso de la aprobación mantiene visible la dimensión de derechos, incluso cuando los Estados persiguen beneficios económicos y estratégicos. Para FIFA, esta dinámica complica cualquier narrativa de que la adjudicación del Mundial 2034 haya resuelto el debate más amplio sobre gobernanza y derechos humanos. Como argumentaron HRW y otras organizaciones en 2024, una adjudicación sin salvaguardias vinculantes y sin consulta deja al organismo con responsabilidad sobre “gran parte de lo que suceda después”, una observación que sigue siendo pertinente mientras avanzan los preparativos.

Supervisión independiente y salvaguardas exigibles

Este episodio refuerza las peticiones de organizaciones civiles, sindicatos y abogados para que la preparación del Mundial 2034 esté sujeta a una supervisión independiente más sólida, en lugar de depender de garantías políticas o declaraciones periódicas. En su queja de 2025 ante FIFA, los abogados escribieron que

“se siguen cometiendo abusos generalizados de derechos humanos en Arabia Saudí, y FIFA no está tomando medidas para abordarlos en la preparación del Mundial”,

e instaron a reformas sustantivas derivadas de las obligaciones del organismo bajo su propia política. También se ha pedido a patrocinadores, sindicatos de jugadores y grupos de aficionados que examinen cómo los acuerdos comerciales —como los vinculados con Aramco, de propiedad saudí— se relacionan con los compromisos climáticos y de derechos humanos de FIFA, subrayando que los riesgos reputacionales y éticos están interconectados.

Cómo puede leerse fuera de Canadá

Los actores internacionales —aficionados, patrocinadores, organizaciones civiles, sindicatos de jugadores, periodistas y grupos de derechos humanos— probablemente interpreten la defensa de Carney como una prueba de que el debate sobre derechos humanos sigue plenamente vigente y políticamente relevante. Para los patrocinadores y socios comerciales, la persistencia de estas preocupaciones puede afectar los cálculos sobre riesgo reputacional y las expectativas de transparencia. Para los sindicatos de jugadores y los aficionados, la continuidad de las controversias puede fortalecer las demandas de mayor protección, supervisión independiente y vías claras de rendición de cuentas vinculadas a los compromisos públicos de FIFA.

Gobernanza, transparencia y rendición de cuentas

La historia plantea preocupaciones legítimas sobre gobernanza, transparencia, derechos laborales, libertad de prensa y rendición de cuentas, todas ellas directamente relevantes para organizar una Copa del Mundo de la FIFA. Allí donde organizaciones de derechos humanos y abogados alegan abusos en curso y medidas correctivas insuficientes, apelan al marco normativo de FIFA y a los UNGP para sostener que el organismo sigue teniendo obligaciones de prevención y mitigación de daños vinculados a sus operaciones. La cuestión de si los mecanismos existentes de FIFA —como su estrategia de derechos humanos para Arabia Saudí y su evaluación del contexto— son suficientes seguirá siendo central mientras avance la preparación de 2034.digitalhub.

Sportswashing y eventos globales

El debate más amplio sobre el “sportswashing” —el uso de grandes eventos deportivos para mejorar la imagen internacional de un país— se ha intensificado en los últimos años, y sus críticos sostienen que estos megaeventos pueden funcionar como herramientas de gestión reputacional si no van acompañados de reformas estructurales. El caso Carney muestra cómo Estados y organizaciones navegan ese terreno: buscando beneficios económicos y estratégicos, pero al mismo tiempo gestionando el escrutinio público sobre derechos y gobernanza. Para FIFA, el reto consiste en demostrar que su proyecto para 2034 no es simplemente un vehículo de mejora de imagen, sino un proceso acompañado de salvaguardas exigibles, verificación independiente y remedios creíbles para las personas afectadas.

Relevancia para 2034

Este desarrollo seguirá siendo relevante en las discusiones sobre la preparación de Arabia Saudí para el Mundial 2034 porque demuestra que las preocupaciones en materia de derechos no están dormidas, sino activas dentro de la diplomacia y del comercio internacional. Si un líder del G7 tiene que justificar una visita en términos de derechos mientras firma grandes acuerdos, eso sugiere que las controversias de fondo persisten. Para FIFA, ello refuerza la necesidad de convertir su política de derechos humanos en mecanismos operativos de supervisión independiente y estándares exigibles, en lugar de asumir que la decisión de adjudicación ha cerrado el debate.