La represión de X en Arabia Saudí pone bajo escrutinio los derechos humanos del Mundial 2034 de la FIFA
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La represión de X en Arabia Saudí pone bajo escrutinio los derechos humanos del Mundial 2034 de la FIFA

Más de 60 cuentas de disidentes saudíes habrían sido bloqueadas para los usuarios dentro de Arabia Saudí tras solicitudes de las autoridades saudíes, según The Guardian. El desarrollo ha renovado las preocupaciones sobre la libertad de expresión en el Reino mientras Arabia Saudí se prepara para albergar el Mundial de la FIFA 2034. Las restricciones plantean dudas sobre si la FIFA puede garantizar que sus compromisos en materia de derechos humanos sean realmente significativos en un torneo organizado por un país donde el acceso a voces críticas sigue restringido.

Arabia Saudí se prepara para uno de los acontecimientos más visibles a nivel internacional de su historia: el Mundial de la FIFA 2034. Sin embargo, mientras el Reino trabaja para presentarse como un destino global moderno para el deporte, el turismo y la inversión, una nueva controversia sobre la censura en línea está volviendo a poner bajo escrutinio su historial en libertad de expresión.

Más de 60 cuentas pertenecientes a disidentes saudíes habrían quedado inaccesibles para los usuarios dentro de Arabia Saudí en la plataforma X de Elon Musk desde mediados de julio, tras exigencias de las autoridades saudíes, según un informe publicado por The Guardian el 4 de agosto. Entre las cuentas afectadas, según se informa, figuran destacados activistas y críticos saudíes, entre ellos Yahya Assiri, director de la organización de derechos humanos ALQST, con sede en Reino Unido, y Abdullah Alaoudh, un crítico del gobierno saudí radicado en Estados Unidos.

La relevancia de este desarrollo no radica solo en el número de cuentas implicadas, sino en que plantea interrogantes sobre cómo el entorno legal y regulatorio de Arabia Saudí puede afectar la capacidad de las personas dentro del Reino para acceder a contenidos políticos y de derechos humanos disidentes.

X bloquea más de 60 cuentas de disidentes saudíes

Según The Guardian, X ha aplicado geobloqueo a más de 60 cuentas dentro de Arabia Saudí tras solicitudes de las autoridades saudíes. Los usuarios que intentaban acceder a algunas de estas cuentas, al parecer, recibieron avisos indicando que las restricciones se habían impuesto para cumplir con las obligaciones legales saudíes.

El informe señala que esos avisos no identificaban violaciones de las propias normas de la plataforma X. En cambio, las restricciones supuestamente estaban vinculadas a exigencias legales saudíes.

La distinción es importante.

Si las cuentas dejan de estar disponibles porque una plataforma determina que infringen sus propias reglas, la decisión corresponde a una moderación privada de contenidos. Si, en cambio, las cuentas se restringen porque un gobierno invoca la legislación nacional, el asunto pasa a formar parte de un debate mucho más amplio sobre el poder del Estado, la censura y la libertad de expresión.

The Guardian informó que las autoridades saudíes citaron disposiciones relativas al orden público, la moral y los valores religiosos en sus solicitudes. Los críticos sostienen que este tipo de disposiciones amplias puede otorgar a las autoridades un margen considerable para restringir el discurso crítico.

Entre los afectados hay críticos saudíes destacados

Las restricciones afectarían, según se informa, a varios críticos saudíes conocidos.

Yahya Assiri, que dirige la organización de derechos humanos ALQST con sede en el Reino Unido, se encuentra entre quienes habrían visto su cuenta bloqueada dentro de Arabia Saudí. Abdullah Alaoudh, crítico del gobierno saudí radicado en Estados Unidos, también habría resultado afectado.

The Guardian también informó de restricciones relacionadas con el satirista Ghanem al-Masarir, quien en el pasado ha sido objeto de denuncias legales saudíes.

La importancia de estos casos va más allá de las cuentas individuales. Los disidentes que viven fuera de Arabia Saudí suelen depender de las redes sociales para comunicarse con audiencias dentro del Reino. Por tanto, el geobloqueo no elimina necesariamente el contenido de internet por completo; más bien, puede impedir que las personas dentro de Arabia Saudí accedan a determinadas voces.

Esa diferencia hace que el asunto sea especialmente relevante para la cuestión del espacio cívico.

Las restricciones digitales saudíes van más allá de X

La controversia más reciente también se inscribe en un patrón más amplio.

The Guardian informó que las acciones de X siguen restricciones que afectan contenidos de disidentes saudíes en otras grandes plataformas, incluidos servicios propiedad de Meta y Snapchat. Defensores de los derechos humanos han sostenido que el efecto acumulativo podría dificultar cada vez más que los ciudadanos saudíes accedan a críticas independientes en línea.

ALQST ha pedido a las principales plataformas tecnológicas que restablezcan el acceso a las cuentas afectadas y ofrezcan mayor transparencia sobre sus decisiones.

La preocupación, por tanto, no se limita a una sola empresa.

Se trata de saber si las compañías tecnológicas internacionales están respondiendo cada vez más a solicitudes gubernamentales que restringen el acceso a contenidos políticos y de derechos humanos.

El momento importa: Arabia Saudí se prepara para el Mundial 2034

Las últimas restricciones llegan en un momento especialmente importante para Arabia Saudí.

El Reino se prepara para albergar el Mundial de la FIFA 2034, el mayor evento deportivo jamás otorgado a Arabia Saudí. El torneo es una pieza central del esfuerzo más amplio de Riad por consolidarse como un gran destino internacional para el deporte, el entretenimiento, el turismo y la inversión.

Esa transformación ya ha atraído un escrutinio considerable.

Las organizaciones de derechos humanos han expresado en repetidas ocasiones su preocupación por la libertad de expresión, los derechos de los trabajadores migrantes, los derechos de las mujeres y el trato a los críticos en Arabia Saudí. Amnistía Internacional y la Sport & Rights Alliance pidieron previamente a la FIFA que exigiera garantías creíbles en materia de derechos humanos antes de adjudicar el torneo de 2034.

Finalmente, la FIFA otorgó el torneo a Arabia Saudí en diciembre de 2024.

La última controversia en torno a X ofrece ahora un ejemplo más de por qué esas preocupaciones no han desaparecido.

¿Pueden aplicarse los compromisos de la FIFA en materia de derechos humanos?

La cuestión central para la FIFA no es si el organismo rector del fútbol controla X.

No lo controla.

Tampoco el último informe demuestra que la FIFA haya tenido participación alguna en el bloqueo de las cuentas de disidentes saudíes.

La pregunta más importante es si los compromisos de la FIFA en materia de derechos humanos en torno al Mundial 2034 pueden tener un impacto real dentro del país anfitrión.

La estrategia saudí sobre derechos humanos para el Mundial incluye compromisos relacionados con mecanismos de reclamación y protecciones para las personas afectadas por las actividades del torneo. El material publicado por la FIFA para la candidatura saudí describía mecanismos destinados a permitir que los asistentes informaran incidentes y solicitaran ayuda durante el torneo.

Pero la libertad de expresión va más allá del funcionamiento de los estadios.

Un Mundial no ocurre aislado del entorno jurídico y social más amplio del país anfitrión. Periodistas, aficionados, activistas, trabajadores migrantes, residentes y visitantes internacionales interactuarán con ese entorno.

Eso convierte la capacidad de criticar a las autoridades y acceder a información independiente en una parte importante del debate más amplio sobre derechos humanos en torno al torneo.

Vuelve la cuestión del sportswashing

Arabia Saudí ha invertido enormes recursos en el deporte internacional como parte de su estrategia de transformación más amplia.

El fútbol se ha convertido en uno de los elementos más visibles de esa estrategia. La inversión del Reino en clubes, jugadores, competiciones deportivas y, finalmente, en el Mundial de la FIFA ha incrementado de forma notable su perfil internacional.

Quienes apoyan la transformación saudí sostienen que estas inversiones están abriendo el Reino al mundo.

Los críticos, sin embargo, argumentan que los grandes eventos deportivos pueden mejorar la reputación internacional de un país mientras desvían la atención de preocupaciones no resueltas en materia de derechos humanos.

Las últimas restricciones sobre cuentas disidentes alimentan directamente ese debate.

El contraste es difícil de ignorar: Arabia Saudí quiere utilizar el mayor torneo de fútbol del mundo para proyectar una imagen de apertura e integración global, mientras siguen apareciendo informes sobre restricciones al acceso a voces críticas saudíes.

Eso no demuestra que el Mundial en sí se esté utilizando para ocultar la censura.

Pero sí demuestra por qué el historial de derechos humanos del Reino seguirá bajo escrutinio durante toda la preparación hacia 2034.

La FIFA no puede tratar los derechos humanos como una cuestión de imagen

La FIFA ha puesto cada vez más énfasis en los derechos humanos como parte de los requisitos que rodean a los grandes torneos.

Eso hace que el caso saudí sea especialmente importante.

Human Rights Watch ya había advertido que conceder el Mundial 2034 a Arabia Saudí conllevaba riesgos graves para los residentes, los trabajadores migrantes y los aficionados visitantes.

Amnistía Internacional también pidió a la FIFA que detuviera el proceso de candidatura saudí salvo que se anunciaran reformas significativas en materia de derechos humanos.

La última controversia sugiere que el debate no desaparecerá simplemente porque Arabia Saudí haya sido confirmada como sede.

Al contrario, es probable que el escrutinio se intensifique a medida que se acerque el torneo.

La FIFA, por tanto, se enfrenta a una prueba de credibilidad.

Si sus requisitos en materia de derechos humanos son realmente significativos, la organización debe poder demostrar cómo se supervisarán, evaluarán de forma independiente y harán cumplir esos compromisos.

Si no son más que garantías añadidas al proceso de candidatura, los críticos tendrán motivos para sostener que los derechos humanos fueron tratados como un mero trámite, y no como una condición vinculante para albergar el Mundial.

¿Qué ocurrirá cuando llegue el Mundial?

El torneo de 2034 expondrá a Arabia Saudí a una atención internacional sin precedentes.

Se espera que cientos de miles de visitantes, periodistas internacionales, aficionados al fútbol y observadores de derechos humanos centren su atención en el país.

La cuestión, por tanto, irá más allá de si Arabia Saudí puede construir estadios, redes de transporte y hoteles.

También se tratará de si el país puede asumir el escrutinio que acompaña a la organización del mayor torneo de fútbol del mundo.

Las restricciones denunciadas hoy sobre las cuentas de disidentes saudíes ofrecen un incómodo recordatorio de que la apertura sigue siendo objeto de disputa.

Para la FIFA, el desafío es igualmente claro.

La organización no puede controlar la política interna de internet de Arabia Saudí. Pero sí puede decidir con qué seriedad trata los compromisos en materia de derechos humanos asociados a su torneo insignia.

Una prueba para Arabia Saudí —y para la FIFA

El Mundial 2034 de Arabia Saudí se presenta como prueba de la transformación del Reino en una potencia deportiva global.

Pero la legitimidad deportiva internacional trae consigo escrutinio internacional.

El bloqueo reportado de más de 60 cuentas de disidentes saudíes demuestra que las preguntas sobre la libertad de expresión siguen siendo muy relevantes.

Para Arabia Saudí, la cuestión es si su narrativa de transformación global puede resistir el escrutinio continuado sobre las restricciones a la disidencia.

Para la FIFA, la cuestión es si sus compromisos en materia de derechos humanos pueden resistir el escrutinio cuando se ponen a prueba en el entorno político y jurídico real de un país anfitrión.

En última instancia, el Mundial de 2034 se juzgará por mucho más que estadios, partidos y espectáculo.

También se juzgará por si las promesas en torno a los derechos humanos, la transparencia y la apertura se reflejan en la realidad vivida por quienes residen en el país anfitrión o lo visitan.

Y, mientras Arabia Saudí se prepara para estar en el foco mundial, será cada vez más difícil evitar la pregunta:

¿Puede un país presentarse como anfitrión abierto al mundo mientras restringe el acceso a algunas de las voces que lo critican en casa?