Pacto Kenia–Arabia Saudita revela riesgos para el Mundial FIFA 2034
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Pacto Kenia–Arabia Saudita revela riesgos para el Mundial FIFA 2034

El nuevo acuerdo laboral entre Kenia y Arabia Saudita, firmado en un contexto de abusos persistentes contra trabajadores migrantes kenianos, plantea serias dudas sobre derechos laborales, transparencia y rendición de cuentas en un país que será sede del Mundial FIFA 2034. El pacto pone de relieve riesgos sistémicos para la mano de obra migrante que sostendrá las ambiciones saudíes en megaeventos deportivos.

El acuerdo bilateral laboral entre Kenia y Arabia Saudita, concluido en Riad en julio de 2026, es presentado por ambos gobiernos como un paso hacia una migración más segura y ordenada; sin embargo, la propia necesidad de este acuerdo, impulsada por casos documentados de violencia, salarios impagos, confiscación de pasaportes y muertes de trabajadores kenianos, evidencia problemas estructurales sin resolver en la gobernanza laboral saudí que son directamente relevantes para su papel como sede del Mundial 2034.

Nuevo acuerdo laboral firmado en medio de preocupaciones por abusos

Según el reportaje del Standard Group titulado

«Kenya, Saudi Arabia sign new labour deal amid persistent abuse concerns»,

publicado por The Standard, el Primer Secretario del Gabinete keniano, Musalia Mudavadi, firmó un nuevo «Labour Recruitment and Employment Agreement» (acuerdo sobre el reclutamiento y empleo de mano de obra) con responsables saudíes en Riad el 7 de julio de 2026. El artículo, atribuido a la redacción nacional del Standard Group, señala que el pacto pretende reforzar el reclutamiento ético, proteger a los trabajadores, mejorar el reconocimiento de las competencias y fortalecer el bienestar y las condiciones laborales de los trabajadores migrantes kenianos en el Reino de Arabia Saudita.

Como destaca The Standard, el acuerdo laboral se cerró junto a otros tres memorandos de entendimiento (MoU) que abarcan la promoción de inversiones, la cooperación aduanera y la colaboración entre el Saudi Exim Bank y la Kenya Development Corporation para financiar proyectos estratégicos. Musalia Mudavadi es citado subrayando la necesidad de arreglos de migración «seguros, ordenados, regulares y dignos» para los trabajadores kenianos en el exterior, situando este acuerdo como parte de la estrategia más amplia de diplomacia económica de Nairobi con Riad.

Persistencia de abusos contra trabajadores migrantes

Pese a este enfoque positivo, la cobertura de The Standard recuerda años de denuncias y reportajes sobre trabajadoras domésticas kenianas en Arabia Saudita que sufren graves abusos, entre ellos violencia física, salarios impagos, confiscación de pasaportes, jornadas excesivas, acoso sexual y fuertes restricciones a la libertad de movimiento. El informe de Amnistía Internacional de 2025,

«Saudi Arabia: Migrant domestic workers face severe exploitation, racism and exclusion»,

indica que las mujeres kenianas contratadas como trabajadoras domésticas soportan condiciones extremadamente duras y abusivas que a menudo equivalen a trabajo forzoso, incluyendo encierro, negación de días de descanso, impago de salarios y trato racista.

El reportaje del Standard Group llama la atención sobre datos oficiales kenianos que indican que 316 migrantes kenianos han muerto en países del Golfo desde 2022, con 166 fallecimientos registrados en Arabia Saudita, más de la mitad del total. Análisis previos de Amnistía Internacional, recogidos por The Standard y otros medios kenianos, describen casos de mujeres que regresan al país con lesiones graves, traumas y denuncias de agresión sexual, así como preocupación por muertes inexplicadas en instalaciones saudíes.

Dimensión de la migración keniana y peso económico

El artículo de The Standard también señala que alrededor de 350 000 kenianos viven y trabajan actualmente en Arabia Saudita, lo que convierte al Reino en el principal destino de la diáspora keniana fuera de Estados Unidos. Arabia Saudita se identifica además como la tercera fuente de remesas hacia Kenia, lo que subraya la importancia económica de este corredor migratorio para los hogares kenianos y para el Estado.

En el mismo texto, Musalia Mudavadi insiste en que Kenia desea transformar los «sólidos vínculos históricos» con Arabia Saudita en «oportunidades económicas tangibles», mediante inversiones en sectores como agricultura, manufactura, energías renovables, tecnología, infraestructuras, salud, turismo y zonas económicas especiales. Este contexto pone de relieve una tensión central: la dependencia económica de remesas e inversiones del Golfo frente a un panorama de abusos sin resolver contra trabajadores kenianos.

Derechos laborales y control de tipo kafala en Arabia Saudita

Amnistía Internacional, Human Rights Watch y grupos regionales como ALQST han documentado reiteradamente problemas estructurales en el ámbito de los derechos laborales en Arabia Saudita, incluido el sistema de patrocinio de tipo kafala, que ata a los trabajadores migrantes a sus empleadores y limita su capacidad para cambiar de trabajo o abandonar el país. Estas organizaciones señalan que la confiscación de pasaportes, el impago de salarios, las jornadas excesivas sin descanso adecuado y la ausencia de mecanismos eficaces de denuncia siguen siendo prácticas extendidas, pese a las reformas anunciadas por Riad.

En su análisis de 2025,

«Saudi Arabia: 2034 World Cup Risks Widespread Labor Abuse»,

Human Rights Watch advierte que el marco laboral saudí sigue exponiendo a los trabajadores migrantes a «graves riesgos de explotación y muerte a gran escala», y destaca que los proyectos de infraestructura y construcción relacionados con el Mundial de la FIFA 2034 dependerán probablemente de la misma mano de obra migrante vulnerable. El nuevo acuerdo laboral entre Kenia y Arabia Saudita, aunque promete salvaguardias, se inserta en este entorno más amplio, lo que plantea dudas sobre la capacidad de los pactos bilaterales para corregir problemas sistémicos que las ONG internacionales consideran arraigados en la gobernanza laboral saudí.

Estándares de la FIFA en derechos humanos y laborales

Desde la adopción de su Política de Derechos Humanos en 2017, la FIFA se comprometió públicamente a respetar los derechos humanos reconocidos internacionalmente en todas sus actividades, incluyendo los procesos de candidatura, adjudicación y organización de los Mundiales. Tal como recuerda el análisis de Human Rights Watch de 2024,

«Saudi Arabia: Flawed Assessment of World Cup Bid»,

esta política exige que el organismo realice evaluaciones rigurosas de riesgos en derechos humanos, consulte a las partes afectadas y utilice su influencia para prevenir o mitigar abusos.

Human Rights Watch y una coalición de organizaciones sostienen que el análisis de contexto en derechos humanos realizado por la FIFA para la candidatura saudí al Mundial 2034 no abordó adecuadamente la situación de los derechos laborales en el país, incluyendo la inexistencia de sindicatos independientes, las limitaciones a la libertad de expresión, el riesgo de desalojos forzosos y la explotación persistente de trabajadores migrantes. En su comunicado de 2024,

«Global: Saudi Arabia bid for the 2034 FIFA World Cup whitewashes human rights record»,

Amnistía Internacional concluye que el «plan de derechos humanos» oficial de la candidatura no cumple los requisitos de la FIFA y pasa por alto en gran medida los problemas sistémicos en materia de derechos laborales.

El pacto keniano como evidencia de riesgos sin resolver

A la luz de estos elementos, el reportaje del Standard Group sobre el nuevo acuerdo laboral keniano puede interpretarse como una prueba adicional de que el entorno laboral en Arabia Saudita sigue siendo peligroso para los trabajadores migrantes, pese a las reformas y acuerdos bilaterales. Si la normativa y la práctica saudí ofrecieran ya protecciones robustas alineadas con los estándares de la FIFA, Kenia no necesitaría un acuerdo especial, negociado bajo la presión de denuncias de abusos y muertes de migrantes.

Que Kenia, un importante país exportador de mano de obra, se haya visto obligado a buscar garantías reforzadas –incluyendo compromisos de reclutamiento ético y mejora de las condiciones de trabajo– indica que las protecciones básicas disponibles para los trabajadores migrantes en Arabia Saudita siguen siendo insuficientes. Esta realidad tiene implicaciones directas para las decenas de miles de trabajadores adicionales que podrían ser reclutados para construir y operar sedes como NEOM, Jeddah Central y otros recintos vinculados al Mundial.

Transparencia y rendición de cuentas: desafíos para Arabia Saudita 2034

La transparencia y la rendición de cuentas son elementos centrales en los estándares de gobernanza deportiva global, especialmente cuando los megaeventos se superponen con riesgos claros para los derechos humanos. En una declaración conjunta publicada en diciembre de 2024,

«Award of 2034 Men’s World Cup to Saudi Arabia Risks Lives and Exposes FIFA’s Human Rights Commitments»,

Human Rights Watch y otras organizaciones afirman que otorgar el torneo a Arabia Saudita sin «protecciones significativas en derechos humanos» es incompatible con la propia política de la FIFA y expone a los trabajadores migrantes a daños previsibles.

Expertos jurídicos, incluido un antiguo asesor de la FIFA, han presentado quejas formales señalando que la FIFA está incumpliendo sus propias normas de derechos humanos al no garantizar que Arabia Saudita corrija sus deficiencias antes de albergar el Mundial. En este contexto, el nuevo acuerdo laboral entre Kenia y Arabia Saudita puede ser visto por actores de la sociedad civil como una medida reactiva destinada a gestionar el riesgo reputacional más que como una reforma estructural transparente de la gobernanza laboral. La continuidad de los abusos denunciados y la necesidad de protecciones bilaterales sugieren que los mecanismos para supervisar agencias de reclutamiento, aplicar la protección salarial y ofrecer recursos efectivos a trabajadores víctimas de abusos siguen siendo insuficientes en la práctica.

Sportswashing y debates sobre megaeventos

El énfasis del Standard Group en inversiones, comercio y diplomacia económica en el marco de la visita keniana se inscribe en un patrón más amplio en el que Arabia Saudita aprovecha megaeventos –como carreras de Fórmula 1, combates de boxeo de élite y ahora el Mundial FIFA 2034– para proyectar una imagen de modernización y apertura. Organizaciones de derechos humanos han advertido repetidamente sobre el riesgo de «sportswashing»: el uso del deporte global para desviar la atención de problemas internos de derechos humanos, incluida la explotación laboral y las restricciones a la libertad de prensa y de protesta.

El nuevo acuerdo keniano, centrado en proteger a los ciudadanos de Kenia, probablemente será bien recibido por muchas familias que dependen de las remesas. No obstante, observadores internacionales pueden cuestionar si estos acuerdos bilaterales, negociados bajo presión económica y diplomática, representan cambios sistémicos profundos o si funcionan principalmente como instrumentos para tranquilizar a los países exportadores de mano de obra, manteniendo prácticamente intacta la estructura de la gobernanza laboral saudí.

Implicaciones para actores internacionales y aficionados

Para actores internacionales –incluyendo la FIFA, federaciones nacionales, patrocinadores, grupos de aficionados y organizaciones de derechos humanos– el pacto laboral entre Kenia y Arabia Saudita recuerda que los riesgos para los derechos de los trabajadores asociados a megaeventos en el Golfo no se limitan a un solo país. Las lecciones del Mundial de 2022 en Qatar, documentadas en informes como

«Q&A: Migrant Worker Abuses in Qatar and FIFA World Cup 2022»

de Human Rights Watch y «Qatar World Cup 2022 marred by migrant worker abuse» del Business & Human Rights Resource Centre, muestran cómo los trabajadores migrantes pueden enfrentar condiciones mortales cuando estadios e infraestructuras se construyen bajo sistemas de protección laboral insuficientes.

Los patrones ahora documentados en Arabia Saudita –e implícitamente reconocidos mediante el nuevo acuerdo keniano– alimentan preocupaciones legítimas de que abusos similares o incluso más graves puedan repetirse durante los preparativos del torneo 2034, salvo que se introduzcan salvaguardias sólidas. Tanto aficionados como grupos de la sociedad civil pueden cuestionarse con razón si participar o apoyar un Mundial organizado en este contexto es coherente con los valores que la FIFA afirma defender.

Al reunir el reportaje detallado de The Standard sobre el pacto laboral keniano y la extensa documentación de Amnistía Internacional, Human Rights Watch y otras organizaciones, este análisis resalta una cuestión clave de gobernanza deportiva: el entorno actual de derechos laborales en Arabia Saudita, y la necesidad de protecciones bilaterales específicas para trabajadores kenianos, parecen desalineados con el espíritu –y posiblemente la letra– de los estándares de la FIFA en materia de derechos humanos y laborales.

El acuerdo entre Kenia y Arabia Saudita puede mejorar la situación de algunos trabajadores, pero al mismo tiempo subraya problemas sistémicos sin solucionar y la vulnerabilidad persistente de la mano de obra migrante en el Reino. Mientras Arabia Saudita se prepara para albergar el Mundial FIFA 2034, la experiencia de los trabajadores kenianos –y la búsqueda urgente de protección por parte de Nairobi– probablemente seguirá en el centro de los debates globales sobre responsabilidad, sportswashing y organización ética en el fútbol internacional.