La gobernanza laboral saudí bajo presión ante las ambiciones deportivas globales
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La gobernanza laboral saudí bajo presión ante las ambiciones deportivas globales

El último informe de Human Rights Watch, respaldado por expertos de la ONU, muestra que el problema de gobernanza laboral en Arabia Saudita ya no es solo una cuestión interna de derechos; ahora está integrado en la estrategia deportiva del país, su expansión de infraestructura y su esfuerzo de imagen internacional. La preocupación central es conocida pero sigue sin resolverse: las reformas han reducido algunas restricciones formales, pero el sistema de dependencia de tipo kafala sigue moldeando la vida de los trabajadores migrantes en la práctica, dejando a los empleadores un control desproporcionado sobre la residencia, la movilidad y la salida del país. Para un Estado que busca albergar megaproyectos, estadios y, finalmente, la Copa Mundial de la FIFA 2034, la brecha entre el anuncio de una reforma y la realidad sobre el terreno constituye la principal línea de fractura analítica.

Las promesas de reforma laboral bajo escrutinio

Los funcionarios saudíes han presentado la reforma laboral como prueba de modernización, en particular desde la Iniciativa de Reforma Laboral de 2021, pero los elementos reunidos por Human Rights Watch y reiterados por los expertos de la ONU indican que el cambio jurídico no se ha traducido en una protección fiable. El patrón recurrente no tiene nada de sutil: los trabajadores siguen siendo vulnerables a salarios impagos, tasas de contratación, retención de documentos, obstáculos para cambiar de empleo y condiciones inseguras, incluso cuando la ley prohíbe nominalmente tales prácticas. Esto importa porque la gobernanza laboral no se evalúa por la existencia de un texto reformista, sino por la capacidad real de los trabajadores para ejercer sus derechos sin represalias.

La advertencia de los expertos de la ONU, formulada en el contexto de los preparativos saudíes para la Copa del Mundo de 2034, es importante porque enmarca la cuestión como sistémica y no como un episodio aislado. Su preocupación es que el modelo laboral en Arabia Saudita todavía permite el mismo desequilibrio de poder que durante mucho tiempo ha definido los sistemas de kafala en el Golfo: el estatus legal del trabajador depende del empleador, y esa dependencia suprime una negociación real. En términos prácticos, eso significa que una reforma puede existir sobre el papel mientras el mercado laboral real sigue controlado mediante el poder del patrocinador, los obstáculos administrativos y el miedo a perder el empleo.

El legado de la kafala

La relevancia persistente de la kafala radica en que no necesita permanecer intacta en la ley para seguir ejerciendo influencia en la práctica. El informe de HRW dice que Arabia Saudita eliminó el término de su legislación laboral hace años, pero no eliminó la dependencia estructural que vincula la residencia y la autorización de trabajo al control del patrocinador. Los expertos de la ONU plantearon el mismo punto básico: mientras los trabajadores no puedan cambiar libremente de empleo, abandonar un trabajo abusivo y acceder a recursos sin permiso del empleador, el sistema sigue siendo abusivo en sustancia aunque la terminología haya cambiado.

Por eso las lagunas de aplicación importan tanto como las leyes formales. La reciente cobertura de Amnesty International sobre las condiciones laborales en el metro de Riad describió inspecciones débiles, confiscación persistente de pasaportes y un régimen de cumplimiento que tiende a priorizar la documentación y los objetivos de saudización por encima de la protección de los trabajadores. Este es un patrón de gobernanza familiar en el mercado laboral del Golfo: el Estado puede proclamar modernización, pero si la supervisión se diseña en torno a la gestión de la oferta laboral en lugar de a los derechos, el empleador sigue siendo el verdadero regulador de la vida cotidiana.

Los migrantes construyen el auge

El ciclo actual de inversión de Arabia Saudita depende en gran medida de la mano de obra migrante, y esa escala es lo suficientemente grande como para dar forma a todo el modelo de desarrollo del país. HRW señala que hay 13,4 millones de trabajadores migrantes en el reino, y que son el motor de los sectores de la construcción y los servicios que alimentan Vision 2030, NEOM, el Red Sea Project y los proyectos gigantes asociados. Esa dependencia crea una contradicción estructural: el Estado necesita una gran cantidad de trabajadores extranjeros mal pagados para ejecutar su transformación económica, pero esos mismos trabajadores suelen carecer de la seguridad laboral que haría creíble esa transformación ante la comunidad internacional.

El informe es especialmente relevante para el deporte, porque las ambiciones deportivas globales de Arabia Saudita están estrechamente ligadas a una expansión física masiva. HRW dice que los planes de la Copa Mundial 2034 de la FIFA implican 11 estadios nuevos, cuatro renovados, más de 185.000 habitaciones de hotel e importantes infraestructuras de transporte. No se trata de proyectos simbólicos; son programas de construcción intensivos en mano de obra que recurrirán a la misma fuerza laboral migrante ya documentada como expuesta a salarios impagos, exceso de trabajo y malas condiciones de alojamiento. En términos de periodismo deportivo, el evento no se está construyendo solo sobre la marca; se está construyendo sobre las relaciones laborales.

El deporte como estrategia de imagen

Arabia Saudita ha utilizado el deporte como amplificador diplomático y comercial, y eso convierte las condiciones laborales en parte de la prueba de legitimidad del evento, no en una cuestión periférica. HRW señala que la promoción deportiva se inscribe dentro de un esfuerzo más amplio de Vision 2030 para convertir al reino en una “potencia mundial de la inversión”, con el Fondo de Inversión Pública financiando tanto activos deportivos de prestigio como la infraestructura que los rodea. La lógica estratégica es sencilla: el deporte ayuda a diversificar la economía, atraer capital y reconfigurar la imagen internacional del país.

Pero esa misma estrategia expone a Arabia Saudita a un riesgo reputacional si las condiciones laborales siguen sin resolverse. Los propios principios de candidatura de la FIFA exigen respeto por los derechos humanos y las normas laborales, pero HRW sostiene que el proceso de selección para 2034 no abordó adecuadamente la magnitud de los abusos existentes. Esto crea un dilema de gobernanza bien conocido en el deporte global: la institución se beneficia de la ambición y el capital del Estado anfitrión, pero corre el riesgo de heredar sus problemas laborales si trata las promesas de reforma como sustitutos de una aplicación verificada. El resultado no es solo un daño reputacional; también plantea la pregunta de si el evento puede afirmar de manera creíble que cumple con los estándares que declara públicamente.

Las lagunas de aplicación y la responsabilidad

La crítica más fuerte en el material de HRW no es que Arabia Saudita carezca de reglas, sino que las reglas se aplican de manera deficiente o están diseñadas con una debilidad tal que no disuaden los abusos. HRW dice que los empleadores siguen interfiriendo con los cambios de empleo incluso después de las reformas, y que los trabajadores todavía enfrentan retrasos salariales, sustitución de contratos, deuda por contratación y represalias cuando hablan. El informe también afirma que muchas muertes de trabajadores no se investigan adecuadamente y a menudo se reclasifican como causas naturales, dejando a las familias sin compensación.

Este último punto es especialmente importante para el deporte y la infraestructura, porque la legitimidad de un megaevento depende de si el riesgo en los lugares de trabajo se supervisa con honestidad. Si las muertes no se clasifican correctamente, los sistemas de seguridad laboral no pueden mejorar de forma significativa, y la información pública deja de ser una herramienta de rendición de cuentas para convertirse en un instrumento de gestión de imagen. En términos de gobernanza, esa es la diferencia entre el cumplimiento formal y la capacidad institucional real. Arabia Saudita puede publicar actualizaciones de política, pero si los trabajadores lesionados, las familias en duelo y las víctimas del reclutamiento no pueden obtener reparación, el marco legal sigue siendo solo parcialmente funcional.

La economía de la dependencia

También existe una razón económica para que el problema persista. El modelo de desarrollo saudí depende de mano de obra migrante barata para controlar los costos de construcción y cumplir plazos ambiciosos, especialmente en proyectos situados en zonas remotas y políticamente centrales. HRW señala que los plazos ajustados y los sitios aislados reducen el acceso de los trabajadores a las embajadas, las redes comunitarias y el apoyo práctico. Ese aislamiento no es accidental; es un mecanismo de control laboral que facilita la gestión de la dependencia de los trabajadores.

Aquí es donde la infraestructura deportiva se convierte en una prueba de gobernanza. Los estadios, aeropuertos, carreteras, ferrocarriles, hoteles y servicios requieren todos un despliegue coordinado de mano de obra bajo presión de tiempo, lo que tiende a amplificar los desequilibrios de poder en el mercado laboral. Cuando un proyecto depende económica y políticamente de su velocidad de entrega, existe un fuerte incentivo para tratar la mano de obra como una variable que debe optimizarse, en lugar de como una parte interesada con derechos. El desafío de Arabia Saudita es que la misma fórmula económica que acelera la entrega también aumenta la probabilidad de abuso.

Lo que significa el escrutinio

La intervención de los expertos de la ONU importa porque amplía el marco de responsabilidad más allá de Arabia Saudita misma. Coloca la responsabilidad no solo en el Estado, sino también en la FIFA, el Fondo de Inversión Pública, los contratistas, los patrocinadores y otros actores internacionales que se benefician del sistema que produce esta dinámica. Los informes de HRW dejan claro que las empresas involucradas en los megaproyectos pueden “causar, contribuir y estar directamente vinculadas” a abusos laborales si no realizan una verdadera diligencia debida y reparación.

Esa es la tensión central del proyecto deportivo global saudí. El reino quiere ser visto como un anfitrión fiable, un inversor serio y un socio del deporte internacional, pero sigue bajo una crítica persistente por un sistema laboral que concentra el poder en manos de los empleadores y debilita la capacidad de los trabajadores para defenderse. En el fondo, la cuestión no es si Arabia Saudita puede construir la infraestructura. Claramente puede. La verdadera pregunta es si puede hacerlo bajo condiciones de gobernanza laboral que el deporte internacional pueda defender sin contradicción.

La prueba de gobernanza que viene

El proyecto Vision 2030 de Arabia Saudita suele describirse como diversificación económica, pero también es una prueba de capacidad estatal y credibilidad institucional. Si la reforma laboral sigue siendo principalmente un instrumento de reputación, el reino puede seguir atrayendo capital y organizando eventos mientras los abusos subyacentes continúan bajo una forma modificada. Si, por el contrario, el gobierno trata la aplicación de las normas laborales como una función central de gobernanza y no como una crítica externa que debe gestionarse, la agenda deportiva e infraestructural se vuelve más sostenible y menos expuesta a escándalos.

Por ahora, los elementos disponibles apuntan en la dirección contraria. La persistencia de una dependencia de tipo kafala, las lagunas documentadas en la aplicación de las normas y el uso continuado de mano de obra migrante en proyectos vinculados a la FIFA y al PIF sugieren que las ambiciones deportivas saudíes siguen estrechamente ligadas a cuestiones laborales no resueltas. En la gobernanza del deporte internacional, eso no es una nota al pie. Es parte de la base del evento.