La elección de Arabia Saudita como sede del Mundial 2034 ha generado profundas preocupaciones éticas que van más allá del deporte. El centro del debate es su participación en la devastadora guerra de Yemen, considerada una de las peores crisis humanitarias modernas. Miles de civiles muertos, infraestructura destruida y un severo bloqueo cuestionan si un país con tales violaciones merece albergar el mayor evento del fútbol.
Desde 2015, Arabia Saudita lidera una coalición contra los hutíes, causando destrucción masiva y sufrimiento. Según Naciones Unidas, más de 377 000 personas han muerto, incluidos miles de civiles. Más de 16 millones de yemeníes enfrentan escasez extrema de alimentos, agua y salud. Las fuerzas de la coalición han bombardeado hospitales, escuelas y mercados, violando el derecho humanitario. Human Rights Watch y Amnistía Internacional han documentado crímenes de guerra, incluido el uso de municiones prohibidas.
El historial saudí más allá de Yemen
Dentro del país, la situación tampoco mejora: más de 240 ejecuciones en 2025, restricciones severas a las libertades, discriminación contra mujeres y personas LGBTQ+, criminalización de la homosexualidad y abusos sistémicos contra trabajadores migrantes bajo el sistema kafala.
Sportswashing: usar el deporte como fachada
Arabia Saudita utiliza grandes eventos deportivos —Fórmula 1, nuevas ligas, compra de clubes— para construir una imagen moderna mientras encubre abusos. El Mundial proporcionaría una plataforma global para normalizar su gobierno.
La decisión polémica de la FIFA
La FIFA otorgó el Mundial 2034 tras un proceso acelerado donde Arabia Saudita quedó como única candidata. Organizaciones denuncian falta de transparencia y ausencia de garantías creíbles para trabajadores o activistas.
Paralelos con Qatar 2022
Los abusos contra trabajadores migrantes en Qatar generan preocupaciones similares. La FIFA ha priorizado beneficios comerciales antes que los derechos humanos.
Llamados al boicot y responsabilidad global
Más de 20 organizaciones —incluyendo Amnistía, ALQST, sindicatos internacionales y grupos de la diáspora— piden boicot si no hay reformas reales: eliminación de la kafala, salarios justos, seguridad laboral y fin de detenciones arbitrarias.
Un profundo dilema ético
Otorgar el Mundial 2034 a Arabia Saudita pese a su papel en Yemen y sus abusos de derechos humanos plantea un grave dilema moral. La comunidad internacional debe enfrentar el sportswashing y exigir responsabilidad.