Copa Mundial de la FIFA 2026: cumplimiento de derechos humanos bajo escrutinio
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Copa Mundial de la FIFA 2026: cumplimiento de derechos humanos bajo escrutinio

La Copa Mundial masculina de la FIFA 2026, organizada en Estados Unidos, Canadá y México, pone de manifiesto tensiones graves entre las normas declaradas por la FIFA en materia de derechos humanos, transparencia y gobernanza y la realidad de las políticas nacionales, especialmente en Estados Unidos bajo la presidencia de Donald Trump. Las operaciones de Immigration and Customs Enforcement (ICE), los planes débiles de las ciudades sede en materia de derechos humanos y las lagunas en libertad de prensa y derecho de manifestación plantean serias dudas sobre la conformidad del torneo con las normas internacionales de gobernanza deportiva.

Operaciones de ICE y amenazas para aficionados y migrantes

Immigration and Customs Enforcement (ICE) ha ido presentando su papel como pieza central en la planificación de la seguridad para la Copa Mundial 2026. A principios de 2026, el director de ICE, Henry Lyons, declaró a los periodistas que su agencia tendría un “papel clave” en el torneo, lo que refuerza el temor de que las zonas de concentración de aficionados y los espacios asociados a grandes eventos se conviertan en zonas de alto riesgo para personas sin permiso de residencia legal. Esto se produce en un contexto de redadas muy mediáticas de ICE bajo el presidente Donald Trump, algunas de las cuales han acabado con la muerte de ciudadanos estadounidenses, generando protestas nacionales y llamamientos a la rendición de cuentas.

A finales de 2025, Human Rights Watch destacó un caso en el que un solicitante de asilo que llevó a sus hijos a la final de la Copa Mundial de Clubes en Florida fue posteriormente detenido y expulsado por ICE, un ejemplo que ilustra claramente los riesgos que enfrentan los asistentes no ciudadanos a eventos de la FIFA en suelo estadounidense. En su informe de 2026 titulado Humanity Must Win: Defending rights, tackling repression at the 2026 FIFA World Cup*, Amnesty International afirma que el régimen migratorio actual de Estados Unidos, caracterizado por detenciones masivas, detenciones arbitrarias y el uso de agentes federales enmascarados, crea una “emergencia de derechos humanos” que entra en contradicción directa con la promesa de la FIFA de que el Mundial sea un espacio seguro y abierto para todos.

Compromisos de la FIFA en derechos humanos frente a fallos de las sedes

Desde la adjudicación de la Copa Mundial 2026 a la oferta conjunta United 2026 (Estados Unidos, Canadá, México), la FIFA ha presentado el torneo como un punto de inflexión en la gobernanza deportiva mundial: la primera Copa Mundial con requisitos explícitos de derechos humanos en la fase de licitación, una Estrategia de Derechos Humanos y un Marco de Derechos Humanos vinculante para las ciudades sede. En este marco, los 16 comités de ciudades sede deben desarrollar Planes de Acción en Derechos Humanos en consulta con los gobiernos locales, la sociedad civil y los grupos comunitarios.

Sin embargo, a dos meses del inicio del Mundial, Human Rights Watch informa de que todos los comités de ciudades sede, excepto uno, o bien no han elaborado estos planes o bien han publicado documentos que ignoran o minimizan los riesgos principales que pesan sobre migrantes, personas LGBT y periodistas. Esta organización, citada por The New York Times y otros medios, señala que las ciudades sede y la FIFA han “marginado los derechos” en un momento en que las protecciones robustas son más necesarias que nunca. Coaliciones de la sociedad civil, como la coalición Dignity 2026, una red de organizaciones laborales y de derechos humanos, han pedido repetidamente a la FIFA que publique y aplique su Marco de Derechos Humanos, argumentando que, sin normas públicas y vinculantes, trabajadores y comunidades siguen vulnerables a abusos.

Derechos laborales y legado de Copas Mundiales anteriores

La Copa Mundial 2026 también se analiza a través de la lente de los escándalos laborales de Copas Mundiales pasadas. Como ha recordado la AFL‑CIO en declaraciones públicas, ediciones anteriores de la Copa Mundial han producido empleos mal pagados, condiciones de trabajo peligrosas, muertes de trabajadores evitables, desplazamientos comunitarios y corrupción. En respuesta, United 2026 prometió incorporar los derechos laborales en su candidatura, incluyendo garantías de que los trabajadores puedan formar y afiliarse a sindicatos y ejercer el derecho de negociación colectiva.

No obstante, como señala el proyecto de la O’Neill Institute para los derechos laborales en la Copa Mundial masculina 2026, la implementación real de estos compromisos depende de un compromiso proactivo con sindicatos y grupos comunitarios en todas las 16 ciudades sede. Hasta ahora, los observadores argumentan que muchos comités de ciudades sede han tratado los requisitos de derechos humanos como un mero trámite, en lugar de convencerlos en salvaguardas reales para trabajadores, personal precario en estadios y fan zones, y empleados del sector servicios locales.

Libertad de prensa y derecho a protestar

Las expectativas de la FIFA hacia los países anfitriones también se extienden a las libertades de expresión y de reunión pacífica, especialmente para periodistas y grupos de sociedad civil que cubren el evento. El informe de 2026 de Amnesty International advierte sobre las restricciones severas a la protesta y a la libertad de prensa en Estados Unidos, sobre todo allí donde agencias federales como ICE o Customs and Border Protection operan con poderes amplios y opacos.

Las mismas preocupaciones se escuchan en México y en Canadá, donde coaliciones locales de derechos humanos han documentado el uso excesivo de la fuerza policial y la vigilancia de manifestantes durante movilizaciones relacionadas con grandes eventos deportivos. Estos grupos subrayan que un evento que promete “inclusión” no puede conciliarse con prácticas que tratan la protesta y la crítica como amenazas de seguridad en lugar de manifestaciones legítimas de la democracia.

Sportswashing y la sombra de la Copa Mundial 2034

La Copa Mundial 2026 también se interpreta dentro del debate global sobre el sportswashing, es decir, el uso de grandes eventos deportivos para “lavar” o desviar la atención de políticas internas controvertidas. Los críticos señalan que la misma FIFA que retrasó la implementación de su Marco de Derechos Humanos para 2026 está ahora considerando entornos aún más problemáticos para futuras ediciones, como la Copa Mundial 2034 liderada por Arabia Saudí, para cuya candidatura los Emiratos Árabes Unidos han expresado públicamente apoyo.

En el caso de Arabia Saudí, organizaciones como Human Rights Watch y Amnesty International han documentado durante años restricciones severas a la libertad de expresión, abusos graves a los derechos de los trabajadores y estructuras de gobernanza opacas. La candidatura de la Copa Mundial 2034 y el respaldo de los Emiratos Árabes Unidos han intensificado así el escrutinio sobre si la FIFA aplica sus criterios de derechos humanos y transparencia de manera coherente o selectiva. Los grupos de defensa de los derechos humanos argumentan que los fracasos evidentes en 2026, como las operaciones de ICE cerca de los estadios y los planes de ciudades sede diluidos, socavan la credibilidad de la FIFA cuando se trata de exigir altos estándares a futuros anfitriones como Arabia Saudí.

Lo que esto significa para las partes interesadas internacionales

Para las partes interesadas internacionales, incluyendo patrocinadores de la FIFA, federaciones nacionales de fútbol y cadenas de televisión, la Copa Mundial 2026 plantea preguntas incómodas sobre la complicidad. Human Rights Watch y Amnesty International han pedido a la FIFA y a los gobiernos anfitriones que suspendan inmediatamente las operaciones de ICE cerca de los partidos y festivales de aficionados y que adopten medidas de protección aplicables a grupos vulnerables.

Para aficionados, grupos de sociedad civil y organizaciones de derechos humanos, el torneo se convierte en una prueba de si la gobernanza deportiva global puede traducirse en protección tangible sobre el terreno. La coalición Dignity 2026, la AFL‑CIO y las redes de derechos de migrantes exigen que la FIFA y los comités de ciudades sede publiquen su Marco de Derechos Humanos y que establezcan mecanismos de seguimiento independientes con poder real de sanción.

Un momento de verdad para la acogida ética

La Copa Mundial 2026 no es solo un torneo de fútbol; es un estudio de caso sobre la colisión entre las aspiraciones de la FIFA en materia de derechos humanos y las realidades de la gobernanza de los países anfitriones. A medida que el torneo se aproxima, la visibilidad de las redadas de ICE, la ausencia de planes sólidos de derechos humanos de las ciudades sede y el debate en curso sobre la libertad de prensa y el derecho a protestar han convertido a Estados Unidos en un punto focal del escrutinio internacional.

Si la FIFA y sus socios organizadores no logran abordar seriamente estas cuestiones, advierten los críticos, la Copa Mundial 2026 corre el riesgo de convertirse en otro ejemplo de cómo los megaeventos deportivos pueden reforzar, en lugar de exponer o corregir, los déficits de derechos humanos y gobernanza.