La sede del Mundial 2034 en Arabia Saudita plantea importantes desafíos para la sostenibilidad del evento debido a la continua expansión de su industria de combustibles fósiles y su elevada huella ambiental. A pesar de afirmar que impulsa iniciativas sostenibles, la persistente dependencia del reino del petróleo y el gas, junto con las enormes emisiones previstas por los proyectos de infraestructura del Mundial, socavan tanto los objetivos climáticos como la legitimidad de albergar un evento global de esta magnitud.
Expansión de combustibles fósiles y emisiones de gases de efecto invernadero
Arabia Saudita es uno de los mayores productores de petróleo del mundo, con los combustibles fósiles representando cerca del 50 % de su PIB. El país continúa aumentando su producción de petróleo crudo, con la meta de alcanzar 13 millones de barriles diarios para 2027, en contradicción directa con los esfuerzos globales para reducir las emisiones de carbono. La expansión de su infraestructura energética fósil genera enormes cantidades de gases de efecto invernadero, contribuyendo significativamente al cambio climático. Solo en 2021, Arabia Saudita emitió 533 millones de toneladas de CO₂, aproximadamente el 1,6 % de las emisiones mundiales.
La construcción relacionada con el Mundial 2034 —incluyendo la creación o renovación de 15 estadios, la construcción de una ciudad futurista y la ampliación de aeropuertos— generará emisiones significativas. Materiales como el cemento y el acero, esenciales para estos proyectos, representan alrededor del 8 % y el 7 % de las emisiones globales, respectivamente. La maquinaria diésel y las grandes distancias entre sedes aumentan aún más la huella de carbono. Los expertos advierten que, si no se aplican medidas de mitigación sólidas, el Mundial 2034 podría ser el evento más contaminante de la historia, produciendo casi el doble de las emisiones del Mundial 2022 en Catar.
Esfuerzos de sostenibilidad vs. realidad
Aunque Arabia Saudita ha prometido lograr la neutralidad de carbono para 2060 y ha adoptado algunas prácticas sostenibles, como el uso de energía solar y diseños más eficientes de estadios, estos esfuerzos resultan insuficientes ante la expansión masiva del sector fósil. La falta de planes claros para conciliar el aumento de la producción petrolera y gasífera con los compromisos climáticos genera profundas dudas.
Muchos críticos describen estas iniciativas como greenwashing, diseñadas para ocultar políticas contrarias al clima y una continua negligencia ambiental, incluyendo la escasez de agua, la contaminación del aire y la desertificación. A pesar de programas ambiciosos como Visión 2030 y el Middle East Green Initiative, la fuerte dependencia del país de los combustibles fósiles debilita estos objetivos y pone en entredicho las afirmaciones de sostenibilidad del Mundial de 2034.
Derechos humanos y legitimidad del evento
Además de las preocupaciones ambientales, graves violaciones de derechos humanos ensombrecen la capacidad de Arabia Saudita para acoger este evento internacional. Informes independientes han documentado violaciones sistemáticas que afectan a trabajadores migrantes, la libertad de expresión, detenciones arbitrarias y discriminación por género.
Los trabajadores migrantes —principalmente de Asia y África— son los más afectados. Sufren largas jornadas laborales, condiciones peligrosas, salarios impagos o retenidos, y alojamientos precarios. Investigaciones advierten sobre riesgos graves, incluidos trabajo forzoso y muertes a gran escala, como resultado de los enormes proyectos de construcción que abarcan nuevos estadios, aeropuertos y redes de transporte.
Estos abusos se dan en un contexto más amplio de represión política. La libertad de expresión está severamente restringida; activistas, periodistas y disidentes son detenidos arbitrariamente, sometidos a juicios injustos y sentenciados con castigos severos, incluida la tortura y la pena de muerte. Los derechos de las mujeres siguen siendo limitados pese a pequeñas reformas, y las personas LGBTQ enfrentan discriminación legal y persecución.
Impacto en los compromisos de sostenibilidad de la FIFA
La FIFA ha declarado que la sostenibilidad es una prioridad, alineando sus políticas con el Acuerdo de París. Sin embargo, otorgar el Mundial 2034 a Arabia Saudita genera dudas sobre la coherencia de estos principios. Las enormes emisiones previstas por la infraestructura del evento y la economía dependiente del petróleo contradicen directamente los estándares de sostenibilidad que FIFA afirma promover.
Esta incoherencia amenaza la credibilidad de la FIFA y podría desencadenar reacciones públicas, críticas internacionales y llamados al boicot por parte de activistas climáticos y defensores de los derechos humanos.
Llamados al boicot y alternativas
La decisión de otorgar el Mundial 2034 a Arabia Saudita ha provocado fuertes llamados al boicot por parte de expertos, activistas, organizaciones de derechos humanos y comunidades deportivas. Señalan la expansión de combustibles fósiles, el grave deterioro ambiental y las violaciones de derechos humanos como razones centrales de su oposición.
La huella ambiental del país es uno de los principales motores del movimiento de boicot. A pesar de prometer emisiones netas cero para 2060, Arabia Saudita continúa aumentando su producción petrolera y desarrollando infraestructura energética fósil. Los proyectos previstos —incluyendo al menos 11 nuevos estadios, aeropuertos, carreteras y líneas ferroviarias— generarán emisiones colosales, en contradicción con los objetivos globales de descarbonización.
A ello se suman abusos contra trabajadores migrantes, el mantenimiento del sistema de patrocinio kafala, la represión de activistas, la criminalización de personas LGBTQ y la discriminación estructural. Incluso el proceso de candidatura del país ha sido criticado por su falta de transparencia, consulta pública y competencia justa, dañando aún más la credibilidad de la FIFA.