La elección de Arabia Saudita como sede del Mundial 2034 ha generado fuerte controversia mundial por sus abusos de derechos humanos y su papel en el extremismo global. Estas tensiones revelan por qué el país carece de credibilidad ética para albergar el torneo. Los llamados al boicot exigen rendición de cuentas y gobernanza ética en el deporte internacional.
Los esfuerzos antiterroristas saudíes y sus contradicciones
Arabia Saudita se presenta como un actor clave en la lucha antiterrorista, colaborando con Estados Unidos y otros socios contra ISIS y Al Qaeda. Lidera grupos de financiamiento anti-ISIL y realiza operaciones militares contra amenazas jihadistas, especialmente en Yemen.
Sin embargo, estas acciones chocan con la exportación ideológica financiada por el reino. Instituciones y organizaciones religiosas saudíes difunden el wahabismo ultraconservador, vinculado a procesos de radicalización. En países como Kosovo, estos apoyos crearon “terrenos fértiles” para el reclutamiento jihadista.
Derechos humanos y responsabilidad de la FIFA
El historial saudí en derechos humanos contradice las normas internacionales de la FIFA: detenciones arbitrarias, represión de disidentes, discriminación contra mujeres y minorías, y explotación de trabajadores migrantes.
En mayo de 2025, abogados internacionales presentaron una denuncia de 30 páginas acusando a la FIFA de violar sus propias reglas al otorgar el Mundial sin exigir reformas vinculantes. Las preocupaciones incluyen libertad de expresión, detenciones arbitrarias, independencia judicial, derechos de trabajadores migrantes y derechos de las mujeres.
Los megaeventos como herramienta de sportswashing y riesgos de extremismo
La concesión del Mundial 2034 a Arabia Saudita genera temores de sportswashing, permitiendo al régimen limpiar su imagen mientras persisten abusos y vínculos con ideologías extremistas.
Implicaciones para la seguridad global y la gobernanza deportiva
Organizar el Mundial en Arabia Saudita implica riesgos graves: conflictos regionales, amenazas terroristas, vigilancia masiva y restricciones a libertades civiles. La falta de salvaguardias de derechos humanos amenaza la credibilidad global del deporte.
El doble papel de Arabia Saudita
El país colabora activamente en esfuerzos antiterroristas — arrestos masivos, desarticulación de redes, programas de desradicalización — pero también enfrenta acusaciones de difundir wahabismo y financiar movimientos extremistas. A pesar de reformas internas, sus instituciones religiosas en el extranjero continúan impulsando ideologías radicales.