La visita del príncipe William a Arabia Saudí para reunirse con el príncipe heredero Mohammed bin Salman, relatada por medios británicos e internacionales, se presenta como un refuerzo de los lazos diplomáticos, pero se desarrolla en un contexto de fuertes preocupaciones sobre derechos humanos, derechos laborales y transparencia en torno a la candidatura saudí para el Mundial 2034 de la FIFA.
El uso de conversaciones privadas, la represión continuada de las voces críticas y las dudas sin resolver sobre la rendición de cuentas por abusos alimentan importantes interrogantes sobre gobernanza y “sportswashing” para los organismos del fútbol, patrocinadores, aficionados y organizaciones de derechos humanos.
La visita de alto perfil del príncipe William a Arabia Saudí, realizada a petición del Gobierno del Reino Unido, y sus reuniones privadas con el príncipe heredero Mohammed bin Salman llegan en un momento en el que el historial saudí en materia de derechos humanos y su candidatura para albergar el Mundial 2034 de la FIFA están bajo intenso escrutinio por parte de Amnistía Internacional, la Sport & Rights Alliance y otras organizaciones de la sociedad civil a escala global.
La visita del príncipe William y el contexto político
En su cobertura del viaje, GB News señala que el príncipe de Gales mantuvo una audiencia con el príncipe heredero Mohammed bin Salman en la finca privada de este último en Diriyah en el primer día de su visita de tres días a Arabia Saudí.
GB News presenta esta visita como parte de un esfuerzo para reforzar los lazos con un aliado clave en Oriente Medio, recordando que el príncipe heredero, heredero al trono y primer ministro del reino, dirige una monarquía absoluta que sigue recibiendo críticas internacionales por violaciones de derechos humanos.
Las informaciones de The Standard y Perspective Media, atribuidas a reporteros de la prensa británica, describen la visita como “la más importante al extranjero” en la carrera pública del príncipe William, realizada a petición del Gobierno del Reino Unido para profundizar la relación con uno de los “aliados más cercanos de Reino Unido en Oriente Medio”.
Estas piezas destacan que Londres y Riad esperan que William y Mohammed bin Salman
“forjen una relación”,
citando a una fuente según la cual los saudíes están
“encantados de que esté aquí”
y desean una amistad duradera, lo que subraya la intención estratégica a largo plazo de este viaje.
La revista People recuerda que el desplazamiento tiene carácter oficial en nombre de la Corona y subraya que, como príncipe de Gales, William debe mantener neutralidad política en público, al margen de cualquier opinión personal sobre el historial saudí en derechos humanos.
Esa neutralidad declarada, en el contexto de un Estado autoritario que busca consolidar su legitimidad en la escena global, está en el centro del debate sobre si esta diplomacia real de alto nivel puede contribuir, voluntaria o involuntariamente, a un “blanqueo a través del deporte” de la imagen saudí de cara al Mundial 2034.
Conversaciones privadas sobre derechos humanos y dudas de transparencia
GB News cita a ITV al señalar que cualquier asunto de derechos humanos que el príncipe William abordara durante sus encuentros en Arabia Saudí se plantearía “en privado” y no en declaraciones públicas.
El medio subraya que se desconoce si esas cuestiones se trataron realmente en las reuniones formales y recuerda que, en la cultura política saudí, los temas sensibles se gestionan con frecuencia a puerta cerrada más que mediante discrepancias públicas.
En el mismo artículo, GB News recoge el llamamiento de Felix Jakens, responsable de campañas en Amnistía Internacional, que insta al príncipe William a mencionar el caso del ciudadano británico Ahmed al‑Doush, detenido en 2024 durante unas vacaciones en Arabia Saudí y condenado, según la organización, a diez años de prisión por unos tuits publicados en 2018.
Felix Jakens califica la experiencia de Ahmed al‑Doush de “desgarradora” y pone el foco en el impacto sobre su esposa y sus cuatro hijos, defendiendo que cualquier influencia que el príncipe William pueda ejercer “a puerta cerrada” puede ser decisiva para lograr su liberación, lo que ilustra la dimensión humana y política ligada a este tipo de visitas.
En un reportaje sobre la visita y la petición de la viuda de Jamal Khashoggi, Hanan Elatr Khashoggi, Sky News informa de que ella espera que el príncipe William plantee las cuestiones de derechos humanos a Mohammed bin Salman.
Sky News recuerda que el príncipe heredero sigue bajo un escrutinio constante desde el asesinato del periodista Jamal Khashoggi en 2018 en Estambul y subraya que Arabia Saudí continúa enfrentándose a graves acusaciones de abusos, lo que convierte el contenido de esas conversaciones privadas en un asunto de interés internacional.
Desde la óptica de la gobernanza deportiva mundial, esta preferencia por la diplomacia discreta plantea interrogantes de transparencia y rendición de cuentas en un Estado que aspira a albergar un Mundial de la FIFA.
La política de derechos humanos adoptada por la FIFA en 2017 compromete a la organización a respetar los derechos humanos internacionalmente reconocidos y a utilizar su influencia para prevenir o mitigar impactos negativos, lo que implica que actores clave – incluidos gobiernos estrechamente vinculados con los países anfitriones – deberían poder mostrar esfuerzos concretos y verificables, y no limitarse a intercambios no públicos cuyo contenido permanece opaco.
Historial de derechos humanos y exigencias de la FIFA
GB News señala que Amnistía Internacional describe la situación de los derechos humanos en Arabia Saudí como “terrible”, destacando que el país ejecutó a más personas el año pasado que en cualquier otro año documentado por la organización, y que quienes son percibidos como críticos del régimen sufren castigos especialmente severos.
El mismo artículo recalca que los visitantes no deben perder de vista este contexto, ya que la visita real se produce en un escenario de ejecuciones masivas, leyes represivas y criminalización de la protesta pacífica.
En un comunicado de agosto de 2024 sobre la candidatura saudí al Mundial 2034, Amnistía Internacional sostiene que el país “no cumple los propios requisitos de derechos humanos de la FIFA” en su propuesta.
La organización advierte de que, sin reformas urgentes, el torneo tiene “alta probabilidad” de verse marcado por trabajo forzoso, represión y discriminación, y pide a la FIFA que consiga “compromisos jurídicamente vinculantes” que cubran estos riesgos antes de cualquier decisión definitiva, o que esté dispuesta a “dar marcha atrás” en la candidatura si no se alcanzan.
La Sport & Rights Alliance, en su crítica a la evaluación de riesgos de derechos humanos elaborada en el marco de la candidatura saudí por el despacho AS&H Clifford Chance, denuncia que ese análisis omite riesgos evidentes, entre ellos desalojos forzosos, vulneraciones del derecho a la vivienda, restricciones a la libertad de expresión y al acceso a la información, las obligaciones de Arabia Saudí bajo la Convención de la ONU contra la Tortura y el mantenimiento de la pena de muerte.
Steve Cockburn, responsable de Derechos Laborales y Deporte en Amnistía Internacional, advierte en ese contexto de que “sin reformas profundas, los críticos serán arrestados, las mujeres y las personas LGBTI seguirán sufriendo discriminación y los trabajadores serán explotados a gran escala”, y acusa a la FIFA de haber “allanado el camino” para una evaluación insuficiente por la forma en que gestionó el proceso.
En una declaración conjunta, Equidem y organizaciones aliadas sostienen que la concesión del Mundial 2034 a Arabia Saudí implica que la FIFA ha
“incumplido sus propias normas de derechos humanos”.
Ese texto recuerda que la FIFA no ha indemnizado todavía a las familias de miles de trabajadores migrantes fallecidos durante los preparativos del Mundial 2022 en Catar y afirma que ya existen “pruebas claras” de que los trabajadores migrantes afrontarán riesgos mortales en el torneo saudí si no se aplican reformas profundas y efectivas.
Derechos laborales, trabajadores migrantes y riesgos de los megaeventos
Aunque los artículos de GB News, The Standard y People se centran principalmente en la diplomacia, la imagen y las cuestiones geopolíticas, sitúan la visita del príncipe William en un país donde los trabajadores migrantes y los asalariados de bajos ingresos constituyen la base de los sectores de la construcción, servicios e infraestructuras que sostendrían un Mundial en 2034.
Amnistía Internacional y la Sport & Rights Alliance advierten de que, en ausencia de protecciones laborales sólidas y de una vigilancia independiente, quienes trabajen en proyectos vinculados al Mundial podrían verse sometidos a condiciones cercanas al trabajo forzoso, incluyendo jornadas excesivas, confiscación de pasaportes, impagos de salarios y restricciones para cambiar de empleador.
En su declaración, Equidem vincula directamente la candidatura saudí para 2034 con los agravios no resueltos de Catar 2022, subrayando que la FIFA aún no ha indemnizado a las familias de los numerosos trabajadores migrantes muertos durante la preparación del torneo anterior.
Esa continuidad de preocupaciones entre Catar 2022 y Arabia Saudí 2034, en un contexto de visita real que pone de relieve estrechos lazos políticos y oportunidades de inversión, plantea dudas sobre si la gobernanza mundial del fútbol ha integrado de manera significativa las lecciones de torneos pasados en la evaluación de los actuales países anfitriones.
En el marco de su política de derechos humanos, la FIFA y los países anfitriones deben realizar evaluaciones exhaustivas de riesgos, especialmente en materia de derechos laborales, establecer mecanismos de reparación y garantizar que los trabajadores afectados tengan acceso efectivo a recursos.
Las críticas de la sociedad civil a la candidatura saudí, combinadas con el historial del país en derechos laborales y la ausencia de reformas verificables a gran escala, señalan una brecha importante entre los estándares anunciados y la práctica real, lo que hace aún más delicados los mensajes que transmiten las visitas de alto nivel percibidas como “negocios como siempre”.
Libertad de expresión, entorno mediático y libertad de prensa
GB News y The Standard aluden, directa o indirectamente, al clima de libertad de expresión en Arabia Saudí al describir el contexto de la visita del príncipe William.
GB News recuerda que quienes son considerados críticos del régimen se exponen a “castigos severos”, y el caso de Ahmed al‑Doush – supuestamente condenado a una década de prisión por publicaciones en redes sociales, según Amnistía – refleja el riesgo jurídico que afrontan tanto ciudadanos como visitantes extranjeros si expresan críticas en público o en línea.
Sky News, en su entrevista con Hanan Elatr Khashoggi, viuda de Jamal Khashoggi, repasa el asesinato del periodista saudí en 2018 en Estambul, que investigaciones de la ONU y de Estados Unidos vinculan a agentes del Estado saudí.
La cadena presenta su llamamiento al príncipe William para que aborde los derechos humanos como parte de una exigencia más amplia de justicia en el caso Khashoggi y de reformas sistémicas que protejan a periodistas, activistas y disidentes.
La revista People describe a Mohammed bin Salman como un dirigente sometido a un “escrutinio internacional sostenido” desde el caso Khashoggi y por el historial global de Arabia Saudí en derechos humanos, lo que evidencia que la libertad de prensa y la seguridad de los periodistas siguen siendo ejes centrales en la percepción internacional de este tipo de visitas de alto nivel.
En las políticas de la FIFA, el respeto a la libertad de expresión y la capacidad de los periodistas para informar con independencia durante los torneos se consideran expectativas fundamentales, especialmente dada la enorme atención mediática que acompaña a un Mundial.
Las organizaciones de derechos humanos sostienen que las leyes y prácticas vigentes en Arabia Saudí – fuertes castigos por críticas en línea, definiciones amplias de “terrorismo”, vigilancia de activistas – no se corresponden con el entorno de debate abierto, cobertura crítica y protesta pacífica que muchos aficionados, periodistas y ONG esperan en torno a los grandes eventos deportivos.
La decisión del príncipe William de mantener en la esfera privada cualquier discusión sobre derechos humanos, tal como recoge GB News citando a ITV, puede ser coherente con las normas diplomáticas locales, pero también implica que ni las autoridades saudíes ni los gobiernos socios se ven obligados públicamente a asumir compromisos concretos y visibles sobre libertad de expresión y libertad de prensa ligados al torneo de 2034.
Debate sobre el sportswashing y papel del poder blando
En los artículos de GB News, The Standard, Perspective Media y People, la visita del príncipe William se presenta como un momento en el que el creciente papel diplomático del futuro rey británico se cruza con la ambición de Mohammed bin Salman de situar a Arabia Saudí como actor central de la escena internacional.
Esta dimensión de poder blando es clave para entender los debates actuales sobre el “sportswashing”, en los que la organización de grandes eventos deportivos y las visitas diplomáticas de alto nivel se utilizan para recomponer la imagen de Estados con historiales problemáticos sin que existan reformas estructurales equivalentes.
En su análisis de 2024 sobre la candidatura saudí, Amnistía Internacional sostiene que la propuesta, en su forma actual, “blanquea” graves preocupaciones de derechos humanos y no cumple los estándares que la propia FIFA dice aplicarse.
La crítica de la Sport & Rights Alliance a la evaluación vinculada a Clifford Chance y la advertencia de Equidem de que la FIFA ha
“vulnerado sus propias normas”
al avanzar con la candidatura saudí reflejan una preocupación más amplia: que las instituciones deportivas legitimen gobiernos autoritarios mientras desaprovechan su capacidad de influencia para impulsar reformas.
En este contexto, la presencia del príncipe William junto a un líder bajo fuerte presión internacional puede interpretarse de múltiples maneras por los actores globales: como un reconocimiento pragmático de las realidades geopolíticas y los intereses compartidos, o como un aval simbólico que podría reducir la presión a favor de un cambio sustancial.
Las organizaciones de derechos humanos y los grupos de aficionados, que ya siguieron de cerca la evolución de Catar 2022, observarán si este tipo de visitas se acompaña de mejoras concretas y verificables en los marcos saudíes de derechos humanos y derechos laborales, o si sirven principalmente para gestionar la imagen del país de cara a 2034.
Implicaciones para la FIFA, las partes interesadas y los futuros estándares de sede
En conjunto, los reportajes de GB News, Sky News, People, The Standard y Perspective Media, junto con los análisis detallados de Amnistía Internacional, la Sport & Rights Alliance y Equidem, dibujan el perfil de un posible país anfitrión de Mundial que aún no ha demostrado de forma convincente su alineamiento con las expectativas de la gobernanza deportiva global.
La persistencia de ejecuciones masivas, el encarcelamiento de críticos como Ahmed al‑Doush por publicaciones en línea, las dudas no resueltas sobre la responsabilidad en el caso Jamal Khashoggi y las controversias en torno a derechos laborales y de vivienda en grandes proyectos plantean serios interrogantes de cumplimiento respecto a la política de derechos humanos de la FIFA.
Para la FIFA, los patrocinadores y las federaciones nacionales, la visita del príncipe William pone de relieve la necesidad de exigir reformas públicas, transparentes, con plazos definidos y supervisión independiente, tanto en protección de trabajadores migrantes como en garantías jurídicas para la libertad de expresión y la libertad de prensa.
Para los aficionados y las organizaciones de la sociedad civil, el viaje ilustra la tensión entre el compromiso diplomático y el riesgo de conferir una legitimidad simbólica a un gobierno cuya trayectoria actual, según numerosas organizaciones de derechos humanos, todavía no está a la altura de lo esperado en un país anfitrión de un Mundial.
En el debate mundial, la candidatura saudí para 2034 se convierte así en una prueba de la capacidad de la gobernanza deportiva para ir más allá de la retórica y establecer condiciones exigibles y aplicadas, que sitúen los derechos humanos y la transparencia por encima de los intereses comerciales y geopolíticos.
La presencia de alto perfil del príncipe William en Riad – contrastada con las evidencias recopiladas por Amnistía Internacional, la Sport & Rights Alliance y otros actores – garantiza que las cuestiones de rendición de cuentas, sportswashing y ética en la elección de sedes sigan en el centro de las discusiones sobre el futuro del Mundial de la FIFA.