La organización de la Copa Mundial de la FIFA 2034 por parte de Arabia Saudita está destinada a convertirse en uno de los eventos deportivos más perjudiciales para el medio ambiente en la historia. El duro clima desértico del reino requiere un consumo insostenible de recursos naturales vitales, especialmente agua y energía, mientras que la construcción masiva de infraestructura incrementa aún más las emisiones globales. Sumado a las graves y continuas violaciones de derechos humanos, los argumentos ambientales y éticos contra este evento constituyen un sólido llamado a la vigilancia internacional y a los esfuerzos de boicot.
Desafíos ambientales en un clima desértico
El Mundial 2034 se celebrará en varias metrópolis saudíes —Riad, Yeda, Al Khobar, Abha y la futurista Neom situadas en un entorno desértico extremo. Esta región se caracteriza por una fuerte deshumidificación y una escasez natural de aguas salobres, factores que generan vulnerabilidades ambientales severas. Para sostener el evento y acoger a millones de atletas, funcionarios y espectadores, Arabia Saudita dependerá en gran medida de la desalinización, un proceso que elimina sal e impurezas del agua de mar para hacerla potable. Aunque indispensable en este contexto, la desalinización es altamente intensiva en energía, consumiendo grandes cantidades de electricidad producida principalmente con combustibles fósiles, lo que aumenta las emisiones de gases de efecto invernadero.
La demanda de agua del Mundial no se limitará a la hidratación y el saneamiento, sino que también incluirá el riego de numerosos estadios para mantener céspedes verdes y jugables. Mantener estas superficies en un bioma desértico exige un consumo de agua constante y a gran escala, muy por encima de lo que los ecosistemas locales pueden soportar sin sufrir una degradación significativa.
El riego en condiciones tan áridas suele depender del agua desalinizada o de acuíferos profundos, ambas fuentes con altos costos ambientales y económicos. Esta presión sobre los recursos hídricos amenaza con alterar el frágil equilibrio de especies vegetales y animales adaptadas al desierto, cuya supervivencia depende de una disponibilidad mínima de agua.
Impacto energético y de emisiones
Los planes del evento incluyen al menos 15 estadios, de los cuales 11 están aún en construcción o pendientes de inicio. El uso masivo de hormigón, hierro y acero contribuye considerablemente a las emisiones de carbono: el hormigón representa aproximadamente el 8 % de las emisiones globales y el acero alrededor del 7 %. Además, la celebración de partidos en ciudades distantes entre sí generará una huella de carbono casi el doble de la registrada en el Mundial de Catar 2022, actualmente el evento de la FIFA con mayores emisiones. Pese a las promesas oficiales de utilizar energías renovables, estas representan hoy menos del 1 % de la electricidad saudí, lo que pone en duda la viabilidad real de los compromisos de sostenibilidad.
Desarrollo de infraestructura e impacto ecológico
Los preparativos de Arabia Saudita para el Mundial 2034 implican una enorme ola de desarrollo de infraestructura: construcción de nuevos estadios, ampliación de redes de transporte y creación de instalaciones de hospedaje en ciudades como Riad, Yeda, Al Khobar, Abha y Neom. Este auge constructivo forma parte del proyecto nacional Visión 2030, destinado a diversificar la economía y abrir sectores como el turismo y el entretenimiento deportivo.
Aunque estas iniciativas se presentan como herramientas de modernización y mejora de la conectividad regional, los riesgos ambientales asociados a un desarrollo tan acelerado son graves y no pueden ser ignorados.
Construir quince estadios de categoría mundial requiere cantidades masivas de hormigón, acero e hierro, entre los materiales más intensivos en carbono a nivel global. La producción de hormigón representa cerca del 8 % del CO₂ mundial, y el acero otro 7 %. La escala monumental de estas obras implica una huella de carbono comparable o superior a la de grandes acontecimientos deportivos anteriores. Además, el uso de sistemas de climatización para enfriar estadios y zonas de aficionados en el intenso calor desértico aumentará significativamente la carga ambiental.
Violaciones de derechos humanos agravan los costos éticos
El historial ampliamente cuestionado de Arabia Saudita en materia de derechos humanos intensifica las preocupaciones sobre la decisión de la FIFA. El reino realiza centenares de ejecuciones cada año, restringe libertades básicas, impone detenciones arbitrarias y desplaza por la fuerza a comunidades enteras para dar paso a obras vinculadas al Mundial y a Visión 2030. Organizaciones de derechos humanos denuncian que otorgar el Mundial a Arabia Saudita constituye un claro caso de “sportswashing”, destinado a encubrir abusos sistemáticos mediante el prestigio del deporte internacional.
Postura contradictoria de la FIFA y responsabilidad
La aceptación de Arabia Saudita como sede del Mundial 2034 vino acompañada de compromisos públicos del país y de la propia FIFA en torno a la sostenibilidad y la responsabilidad climática. Arabia Saudita presentó una candidatura que enfatiza la gestión ambiental, la alineación con los objetivos de Visión 2030 y la intención de dejar un legado ecológico positivo. El documento destaca medidas como el uso de energía solar en los estadios, diseños energéticamente eficientes, métodos de construcción sostenibles, gestión responsable de residuos y el aprovechamiento de infraestructura existente.
Sin embargo, expertos independientes y analistas climáticos expresan serias dudas sobre la viabilidad de estas promesas, dado el enorme volumen de construcción y las exigencias energéticas que implica. El país planea construir o renovar cerca de 15 estadios dispersos por vastas regiones desérticas. Solo esta fase, basada en hormigón, acero y maquinaria diesel, generará emisiones de gases de efecto invernadero a gran escala.
Al considerar las distancias entre las ciudades sede y la intensa demanda de climatización de estadios y zonas de aficionados en condiciones de calor extremo, las proyecciones indican que esta Copa Mundial podría duplicar la huella de carbono récord del Mundial de Catar 2022. La eficacia de las medidas de mitigación propuestas por Arabia Saudita sigue siendo crucial, pero tremendamente incierta.
Razones críticas contra que Arabia Saudita organice el Mundial 2034
El uso excesivo de agua en un desierto que depende de la desalinización altamente eléctrica amenaza la seguridad hídrica local y la biodiversidad. La construcción de infraestructura genera una huella de carbono enorme posiblemente la mayor de cualquier Mundial— vinculada al uso intensivo de hormigón, acero y a los largos desplazamientos entre sedes. La destrucción de hábitats y la contaminación derivadas de la expansión urbana e industrial degradan ecosistemas desérticos y marinos frágiles.
Las violaciones persistentes y sistemáticas de derechos humanos —ejecuciones masivas, falta de libertades, desalojos forzosos, explotación de trabajadores migrantes— vuelven el evento moralmente problemático. El Mundial se convierte en una herramienta de sportswashing, permitiendo al gobierno saudí desviar la crítica internacional y encubrir abusos bajo el foco global del deporte. La aceptación de la FIFA socava los compromisos mundiales de sostenibilidad y cuestiona la integridad de su proceso de adjudicación respecto a normas ambientales y de derechos humanos.
El Mundial 2034 en Arabia Saudita representa la convergencia de una degradación ambiental severa y graves violaciones de derechos humanos. Su realización sienta un precedente peligroso al priorizar la imagen y los beneficios económicos a corto plazo sobre la responsabilidad climática y la dignidad humana. Las presiones ambientales falta de agua, enormes emisiones de carbono, destrucción de ecosistemas se entrelazan con los costos éticos derivados de la represión saudí, convirtiendo este evento en un punto crítico para la gobernanza deportiva global y la justicia climática.