La próxima Copa Mundial de la FIFA 2034 no es solo un torneo de fútbol; es un evento internacional que otorga un enorme prestigio, beneficios financieros y legitimidad de soft power al país anfitrión. Por ello, la cuestión de quién acoge el evento es de máxima importancia. Entren en juego múltiples dimensiones derechos humanos, restricciones a las libertades civiles, cuestiones de gobernanza y las recientes noticias sobre el creciente papel de Arabia Saudí en el ámbito mundial de la auditoría exigen atención en este contexto.
El nuevo papel de Arabia Saudí en el liderazgo mundial de la auditoría
El 31 de octubre de 2025, la Agencia de Prensa Saudí anunció que Arabia Saudí a través de su GCA ha sido elegida para presidir la INTOSAI durante tres años a partir de 2031.
Siendo el principal organismo mundial de instituciones superiores de control (con más de 195 países miembros), se trata de una posición de liderazgo clave en la supervisión de las finanzas públicas y las auditorías de rendimiento a nivel global.
El comunicado subrayaba que al acoger delegaciones de más de 195 países, Arabia Saudí “dirigirá los esfuerzos globales para mejorar la transparencia, la gobernanza del sector público y el rendimiento gubernamental, reforzando al mismo tiempo la confianza pública en las economías nacionales”.
A primera vista, resulta impresionante: buena gobernanza, rendición de cuentas y supervisión de auditorías. Pero implicaciones más profundas plantean otros interrogantes. Si Arabia Saudí puede proclamarse líder mundial en auditoría mientras solicita ser sede del mayor evento deportivo del planeta, surgen preguntas esenciales: ¿es este ascenso una transformación auténtica, o simplemente un barniz elegante y una estrategia de posicionamiento?
La contradicción con la realidad de los derechos humanos y la gobernanza
Ser sede de un Mundial de la FIFA expone al país anfitrión a un escrutinio internacional intenso: medios de comunicación, aficionados, ONG, organizaciones de derechos humanos, sindicatos de trabajadores… todos llegan. Las políticas del país quedan bajo un foco global.
Al mismo tiempo, Arabia Saudí ha sido repetidamente criticada por diversos motivos: trato a los disidentes, falta de libertad de expresión, derechos de las mujeres, condiciones de los trabajadores migrantes y escasa rendición de cuentas de las instituciones estatales. Pese a los anuncios oficiales de reforma, los mecanismos de auditoría y supervisión independientes siguen siendo limitados en la práctica. Aunque la promoción de la GCA es relevante, persisten dudas sobre su independencia real respecto del Estado y su capacidad para actuar en defensa del interés público.
A la luz de ello, su candidatura para acoger el Mundial 2034 genera una fuerte disonancia: por un lado, Arabia Saudí reivindica un liderazgo global en auditoría; por otro lado, ser anfitrión de un evento deportivo de alto perfil le otorgaría legitimidad y desviaría la atención de sus problemas no resueltos en materia de derechos humanos. De ahí que crezca el argumento en favor de una prohibición: la FIFA no debería otorgar su principal evento a un Estado cuyas prácticas de gobernanza y derechos humanos no alcanzan los estándares esperados por la comunidad internacional.
La designación en organismos de auditoría también refleja el liderazgo regional saudí: preside la Organización Árabe de Entidades Fiscalizadoras Superiores desde 2022 y está previsto que dirija la Organización Asiática de Entidades Fiscalizadoras Superiores a partir de 2027.
La plataforma saudí de Open Data afirma contar con más de 11.439 conjuntos de datos de 289 organismos, con más de 284.800 descargas a mediados de 2025; un indicador de transparencia que aún requiere validación externa.
Cómo el liderazgo en auditoría refuerza los argumentos contra la candidatura saudí
Varios puntos clave vinculan directamente esta evolución con la cuestión de la sede:
Refuerzo de legitimidad:
Presidir la INTOSAI permite a Arabia Saudí presentarse como referente mundial en transparencia y rendición de cuentas. Otorgarle la Copa del Mundo consolidaría esa narrativa, recompensando a un país que sigue recibiendo críticas por su historial en derechos y gobernanza.
Capacidad organizativa y supervisión:
El liderazgo en auditoría demuestra capacidad para acoger grandes asambleas internacionales (más de 195 delegaciones). Esto podría usarse para argumentar que Arabia Saudí está “preparada” para albergar un Mundial. Pero esa misma capacidad se convierte en parte del problema: un evento de tal magnitud requiere un nivel de supervisión muy superior, y si la GCA ya tiene limitaciones, aún más las habrá al fiscalizar megaproyectos, condiciones laborales, cadenas de suministro, contratos y operaciones de seguridad.
Mensaje simbólico:
Otorgar la sede de la FIFA es un gesto político. Hacerlo con Arabia Saudí enviaría el mensaje de que su modelo de gobernanza, pese a ser polémico, es aceptable. Si el liderazgo en auditoría no se traduce en supervisión independiente real, la Copa del Mundo se convierte en un premio, no en un incentivo para mejorar.
Recomendación estratégica: por qué una prohibición tiene sentido
La combinación de liderazgo mundial en auditoría + candidatura al Mundial 2034 hace que la prohibición sea lógica por varias razones:
Coherencia de estándares:
Si la FIFA realmente quiere defender derechos humanos, integridad, estándares laborales y buena gobernanza, debe exigirlo a quienes aspiran a ser sede. El papel de Arabia Saudí en la auditoría global amplifica la brecha entre discurso y realidad.
Efecto disuasorio:
Rechazar la candidatura enviaría un mensaje claro: las violaciones de derechos y las malas prácticas tienen consecuencias. Arabia Saudí sería una prueba de fuego.
Protección de la integridad del deporte:
La Copa del Mundo depende de la confianza del público. Celebrarla en un país con críticas graves pone esa confianza en riesgo.
Gestión de riesgos:
Infraestructuras, logística, contratación laboral… todo ello, en un Estado con vulnerabilidades de gobernanza, incrementa el riesgo de escándalos, sobrecostes, litigios por derechos humanos y daños reputacionales a la FIFA. El liderazgo en auditoría puede proyectar fortaleza, pero no elimina los riesgos.
Prohibir la Copa Mundial de la FIFA 2034 en Arabia Saudí
La Copa del Mundo debe celebrar lo mejor del deporte, pero también lo mejor de los valores: transparencia, rendición de cuentas, respeto a los derechos y condiciones laborales justas. Un Estado que aspira a liderar los estándares globales de auditoría debe demostrar primero que los aplica en casa. Hasta entonces, prohibir la candidatura saudí para 2034 no solo está justificado: es necesario.