Crisis fiscal saudí y debate sobre el boicot de la FIFA 2034
Credit: Getty Images for Saudi Arabian Football Federation

Crisis fiscal saudí y debate sobre el boicot de la FIFA 2034

En una decisión histórica aunque polémica, Arabia Saudita ha sido confirmada como anfitriona de la Copa Mundial de la FIFA 2034, un hito clave dentro del plan Visión 2030, que busca convertir al reino en un centro cultural y deportivo global. El anuncio genera tanto entusiasmo como preocupación. Para algunos, es un símbolo de modernización; para otros, refleja una ambición empañada por la fragilidad económica, la tensión fiscal y la inestabilidad geopolítica.

Recientes informes económicos destacan un contexto preocupante. Según Reuters, el índice Tadawul All Share cayó en febrero de 2026 ante el aumento del déficit fiscal, la volatilidad del mercado y la cautela de los inversores. Los mercados del Golfo, incluido Dubái, también registraron descensos, reflejando la desconfianza regional.

En este escenario, surge una pregunta esencial: ¿puede un país que enfrenta presiones presupuestarias y una situación geopolítica incierta asumir el peso financiero, ético y reputacional de la FIFA 2034 sin alimentar las voces internacionales que piden un boicot?

Presiones fiscales y costos de organización

Las finanzas públicas saudíes muestran crecientes tensiones. En 2025, el gobierno registró un déficit superior al 3 % del PIB, revirtiendo los modestos superávits del año anterior. La caída de los ingresos petroleros, combinada con un gasto público expansivo y los costos de los proyectos de Visión 2030, ha elevado los niveles de endeudamiento y preocupación inversora.

Organizar una Copa Mundial implica un gasto colosal. Los costos de infraestructura, estadios, transporte, alojamiento y seguridad ascienden a decenas de miles de millones de dólares.

A modo de referencia, Catar 2022 costó cerca de 200 mil millones de dólares, aunque una parte correspondía a obras urbanas. Incluso si Arabia Saudita reduce el presupuesto a 40–60 mil millones, el impacto sería enorme sobre unas cuentas públicas tensas.

Este gasto genera un dilema: priorizar proyectos de prestigio o atender necesidades internas como el desempleo juvenil, la vivienda y la diversificación económica. Para los críticos, esta elección evidencia una desalineación con las prioridades sociales, fortaleciendo los argumentos a favor del boicot.

La historia ofrece paralelismos. En Brasil 2014, las protestas masivas por el uso de fondos públicos marcaron el evento. Saudía podría enfrentar una presión social similar si los resultados económicos no acompañan el gasto.

Volatilidad de los mercados e incertidumbre de los inversores

Los mercados del Golfo viven una etapa de alta sensibilidad. En febrero de 2026, las acciones saudíes descendieron tras nuevas emisiones de deuda y temores sobre la sostenibilidad del gasto, mientras el mercado de Dubái también retrocedía. Los inversores temen un exceso de inversión estatal y una posible caída del rendimiento privado.

La FIFA 2034 se percibe como una espada de doble filo. Por un lado, podría estimular el crecimiento a corto plazo; por otro, provoca mayor escrutinio financiero. Agencias de calificación y fondos internacionales observarán si Riad logra financiar grandes proyectos sin ampliar el déficit ni desplazar al sector privado.

Esta inquietud también influye en la percepción internacional. Si se percibe que Arabia Saudita gasta más allá de sus posibilidades, las narrativas sobre riesgo fiscal y reputación inestable podrían dominar. En entornos de alta volatilidad, los inversores reaccionan al menor signo de desequilibrio — y FIFA 2034 multiplicará esas miradas.

Riesgos geopolíticos y percepción internacional

El escenario económico se desarrolla junto a un contexto geopolítico tenso. Las fricciones entre Estados Unidos e Irán, los conflictos en el mar Rojo y la inestabilidad energética aumentan el riesgo regional.

La seguridad saudí se ha visto desafiada por ataques de los hutíes y tensiones en el Golfo de Adén, lo que reaviva la preocupación sobre la capacidad de organizar un evento global bajo un clima de incertidumbre. La posible exposición mediática de cualquier incidente eleva la presión sobre el gobierno y sobre FIFA, que será observada por su manejo ético y logístico.

Los llamados al boicot aprovechan este contexto. Organizaciones de derechos humanos y voces diplomáticas destacan que los eventos masivos no pueden desligarse de la política internacional. El ejemplo del boicot a los Juegos Olímpicos de Moscú de 1980 muestra cómo la geopolítica ha moldeado históricamente el deporte global.

Asimismo, los vínculos diplomáticos saudíes — con Washington, Teherán, Yemen y las negociaciones de normalización — quedarán expuestos al escrutinio. Cualquier recrudecimiento de conflictos podría avivar críticas a la conveniencia de celebrar un torneo en medio de la volatilidad regional.

Dependencia del petróleo e imagen global (“sportswashing”)

La dependencia petrolera sigue siendo la piedra angular del sistema financiero saudí, con alrededor del 70 % de los ingresos estatales procedentes del crudo. El precio del Brent, rondando los 74 dólares por barril en 2026, mantiene presión sobre los ingresos y los planes fiscales.

En este marco, numerosos analistas califican la apuesta por FIFA 2034 como una estrategia de sportswashing, es decir, el uso del deporte para mejorar la reputación internacional y suavizar críticas por derechos humanos o gobernanza. Desde la Fórmula 1 en Yeda hasta la compra del club Newcastle United por el Fondo de Inversión Pública, el deporte se ha convertido en un instrumento de poder blando saudí.

Sin embargo, este enfoque enfrenta límites. Los déficits crecientes y la precaución de los inversores erosionan la narrativa de prosperidad que el sportswashing busca proyectar. Así, el Mundial podría interpretarse como símbolo de exceso financiero antes que de progreso.

A ojos de los críticos, gastar cuantiosas sumas derivadas del petróleo mientras crecen las restricciones presupuestarias cuestiona si el torneo responde a una visión sostenible o a un impulso de legitimidad global temporal.

Dimensión social y cuestionamientos éticos

Más allá de la economía, FIFA 2034 también plantea interrogantes sociales y éticos. Arabia Saudita continúa bajo escrutinio por su situación en materia de derechos humanos, las limitaciones a la libertad de expresión y la desigualdad de género.

Aunque reformas recientes — como el permiso para que las mujeres conduzcan o la apertura del ocio público — han mejorado su imagen, muchos observadores coinciden en que persisten restricciones estructurales. Para organizaciones activistas, esta mezcla de fragilidad económica y déficit de libertades crea terreno fértil para campañas de boicot globales.

Colectivos en Europa y América del Norte ya discuten estrategias coordinadas bajo el lema de

boicot, transparencia y responsabilidad”.

Los precedentes de Catar 2022 — marcado por denuncias laborales y de censura — sirven de advertencia sobre cómo los debates éticos pueden eclipsar el espectáculo deportivo.

Sin embargo, otros expertos defienden la vía del compromiso constructivo, considerando que el deporte puede ser una plataforma de apertura gradual si va acompañada de reformas reales y transparencia financiera. El desenlace dependerá del equilibrio entre prestigio, rendición de cuentas y modernización.

La organización de la Copa Mundial de la FIFA 2034 sitúa a Arabia Saudita en una encrucijada entre ambición económica, vulnerabilidad fiscal y observación internacional.

Los déficits presupuestarios, la cautela de los inversores y las tensiones regionales ofrecen argumentos sólidos a los críticos que sostienen que el proyecto se sustenta más en imagen que en sostenibilidad.

Para que el torneo se convierta en una historia de éxito, el reino debe demostrar transparencia, disciplina fiscal y un compromiso real con los derechos humanos y la estabilidad regional.

De lo contrario, FIFA 2034 podría no ser recordado como la celebración del fútbol árabe, sino como un símbolo de las contradicciones de un país que busca reconocimiento mundial mientras enfrenta sus propios desafíos estructurales.