El informe de Amnistía plantea nuevas preguntas sobre las trabajadoras domésticas en Arabia Saudita
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El informe de Amnistía plantea nuevas preguntas sobre las trabajadoras domésticas en Arabia Saudita

El último informe de Amnistía Internacional sobre las trabajadoras domésticas filipinas en Arabia Saudita vuelve a poner el foco en un mercado laboral que sigue siendo esencial para la economía del reino y para su imagen internacional. El informe señala que las entrevistas con 19 mujeres filipinas que regresaron de Arabia Saudita entre 2023 y 2026 muestran casos de exceso de trabajo, intimidación, restricciones de movimiento, abusos salariales y, en algunos casos, acoso o agresión sexual. Estas conclusiones van más allá de una sola relación bilateral, porque plantean preguntas más amplias sobre cómo los sistemas laborales del Golfo protegen a las trabajadoras domésticas, cómo se aplican realmente las reformas saudíes y si la modernización va por delante de la rendición de cuentas.

Cómo el sistema de kafala sigue dando forma al trabajo migrante

El informe sitúa el sistema de patrocinio kafala en el centro del problema. Amnistía afirma que los trabajadores migrantes en Arabia Saudita siguen vinculados a un empleador patrocinador, o kafeel, y que las características más abusivas de ese sistema siguen existiendo en la práctica a pesar de las reformas. La organización sostiene que las trabajadoras domésticas no se han beneficiado de gran parte de los cambios concedidos a otros trabajadores migrantes, lo que las deja especialmente expuestas al control del empleador.

Esa estructura ayuda a explicar por qué los abusos pueden persistir incluso cuando existen normas formales. Una trabajadora puede firmar un contrato, pero en la práctica el empleador puede controlar sus movimientos, el acceso a la comida, el descanso, la comunicación y su capacidad para abandonar el país o cambiar de trabajo. Human Rights Watch ya había descrito las reformas laborales de Arabia Saudita como insuficientes para resolver estos desequilibrios de poder más profundos.

Las reformas laborales saudíes bajo un escrutinio internacional creciente

Arabia Saudita ha introducido reformas laborales en los últimos años, incluidos cambios anunciados en 2020 e implementados en 2021, que flexibilizaron parte del régimen de patrocinio para algunos trabajadores migrantes. Las autoridades también han señalado contratos estandarizados, sistemas de protección salarial, seguros, mecanismos de denuncia y vías para que las trabajadoras domésticas cambien de empleador en casos de abuso. Estas medidas muestran un esfuerzo político real para reducir las formas más evidentes de explotación laboral.

Sin embargo, los hallazgos recientes de Amnistía sugieren que la implementación sigue siendo débil. La organización afirma que solicitó datos de aplicación, pero que no recibió la información detallada necesaria para evaluar la eficacia real de las reformas. La OIT también ha seguido advirtiendo que el marco regulatorio saudí no logra abordar las prácticas abusivas arraigadas en el propio sistema laboral. En otras palabras, el problema no es la existencia de reformas, sino si estas llegan a los hogares privados donde trabajan las domésticas.

La realidad detrás de las reformas de la Visión 2030 de Arabia Saudita

Arabia Saudita presenta la reforma laboral como parte de su proyecto de modernización Visión 2030, que busca crear una economía más eficiente y competitiva a nivel mundial. Sobre el papel, la digitalización del mercado laboral y la reducción de la dependencia de un patrocinio rígido encajan en esa narrativa. Ayudan al gobierno a proyectar una imagen de modernización jurídica gradual y apertura económica.

Pero el informe de Amnistía ilustra los límites de una reforma centrada en la imagen. El reino puede mejorar los contratos y crear sistemas de denuncia, y aun así dejar a las trabajadoras domésticas en una categoría jurídica separada, con salvaguardias más débiles que las de otros trabajadores. Esa brecha es la razón por la que los críticos dicen que la Visión 2030 no ha resuelto por completo las preocupaciones de Arabia Saudita en materia de derechos humanos: la modernización en sentido macroeconómico no se traduce automáticamente en protección dentro del hogar, donde las relaciones laborales son más difíciles de supervisar. El resultado es una desconexión entre el discurso de reforma y la experiencia vivida.

Por qué las trabajadoras domésticas filipinas siguen siendo vulnerables

Las mujeres filipinas siguen buscando trabajo doméstico en Arabia Saudita porque el cálculo económico a menudo deja pocas alternativas. Para muchas, el trabajo en el extranjero ofrece salarios, remesas y una oportunidad de apoyar a sus familias que los mercados laborales nacionales no pueden igualar. Esa dependencia puede llevar a las trabajadoras a aceptar condiciones que de otro modo rechazarían, especialmente cuando las deudas de reclutamiento y la presión familiar forman parte de la decisión de migrar.

Las entrevistas de Amnistía sugieren que la vulnerabilidad comienza antes de la salida y se agrava después de la llegada. Algunas mujeres afirmaron haber sido engañadas sobre la naturaleza del trabajo y luego encontrarse sobrecargadas, sin descanso o transferidas a varios hogares en contra de sus contratos. Una vez dentro de la casa del empleador, la protección legal suele ser difícil de acceder, sobre todo si los pasaportes son confiscados, la movilidad se restringe o la trabajadora no habla el idioma. Filipinas, como gran país de envío de mano de obra, tiene la responsabilidad de reforzar la selección, la supervisión y la protección consular, pero su capacidad de influencia es limitada una vez que la trabajadora está físicamente dentro de un hogar privado en el extranjero.

Preocupaciones internacionales sobre derechos humanos y Arabia Saudita

La respuesta de Arabia Saudita a las críticas externas suele enfatizar que las trabajadoras domésticas están protegidas por las regulaciones existentes y que las denuncias de abuso se investigan. Esa postura no es inusual para un Estado que enfrenta críticas, pero Amnistía afirma que no recibió los datos detallados de implementación necesarios para verificar esas afirmaciones. Sin transparencia sobre las denuncias, los procesos judiciales, las sanciones y los resultados, es difícil evaluar si la aplicación de la ley está mejorando de forma medible.

Por eso Arabia Saudita sigue bajo la vigilancia constante de Amnistía, Human Rights Watch, la OIT y mecanismos de derechos humanos vinculados a la ONU. La preocupación no es solo si existen leyes, sino si generan una disuasión real. Cuando las trabajadoras domésticas siguen excluidas de una cobertura plena del derecho laboral, las normas internacionales siguen apuntando hacia la igualdad de protección, inspecciones eficaces y remedios significativos frente al abuso. La imagen internacional de Arabia Saudita sigue, por tanto, expuesta a acusaciones de que sus reformas son incompletas.

¿Puede Arabia Saudita equilibrar la reforma con la protección laboral?

Arabia Saudita todavía puede cerrar la brecha entre reforma y protección, pero solo si trata el trabajo doméstico como una cuestión de derechos laborales y no como una categoría especial que puede gestionarse con reglas limitadas. La formulación de Amnistía es significativa en este punto: la organización dice que las regulaciones de 2023 para trabajadoras domésticas son una mejora respecto a los arreglos anteriores, pero que aún no ofrecen protección igualitaria y se quedan cortas frente a los estándares internacionales. Eso sugiere que la reforma es posible, pero que el modelo actual todavía no es suficiente.

El problema más difícil es la aplicación en los hogares privados. Una supervisión eficaz en este sector es más compleja que en fábricas u oficinas, porque los abusos pueden ocurrir fuera de la vista pública y sin testigos en el lugar de trabajo. Eso significa que los mecanismos de denuncia deben ser más fáciles de usar, que las trabajadoras deben poder abandonar a un empleador abusivo sin necesitar permiso y que las investigaciones deben ser lo suficientemente creíbles como para disuadir represalias. Arabia Saudita ha dado pasos en esa dirección, pero Amnistía sostiene que esas garantías han sido, hasta ahora, ampliamente insuficientes.

Lo que esto significa para el futuro del trabajo migrante en el Golfo

El caso saudí tiene implicaciones mucho más allá de una sola nacionalidad o un solo empleador. Las economías del Golfo siguen dependiendo en gran medida de los trabajadores migrantes, y el trabajo doméstico sigue siendo uno de los segmentos más vulnerables de ese sistema. Si Arabia Saudita logra demostrar que las reformas funcionan en la práctica, podría influir en los estándares de toda la región. Si no lo consigue, el informe reforzará la idea de que la explotación laboral estructural sigue integrada en los modelos migratorios del Golfo.

Para Filipinas, el informe también subraya un dilema bien conocido. El trabajo en el extranjero sigue siendo económicamente indispensable para muchas familias, pero esa dependencia puede exponer a las trabajadoras a abusos difíciles de prevenir una vez que salen de su país. Para Arabia Saudita, el desafío es tanto reputacional como jurídico: un Estado que busca presentarse como reformado e integrado a nivel mundial debe demostrar que las trabajadoras domésticas están protegidas no solo en principio, sino también en la práctica. La evidencia disponible hasta ahora sugiere que las reformas laborales saudíes son reales, pero aún no lo bastante fuertes para responder plenamente a las preocupaciones de larga data sobre el sistema de kafala, los derechos de las trabajadoras domésticas y la supervisión de los derechos humanos.