El uso masivo de asociaciones público‑privadas (APP) por parte de Arabia Saudí para entregar los estadios del Mundial de 2034, incluido el proyecto Prince Faisal bin Fahad Sports City, intensifica las dudas sobre la capacidad de la FIFA para hacer cumplir sus exigencias en materia de derechos humanos, transparencia y protección laboral. Este modelo, que atrae capital y experiencia internacionales, abre nuevos interrogantes sobre la responsabilidad y el control público a lo largo de toda la cadena de preparación del torneo.
El despliegue de asociaciones público‑privadas para construir y explotar estadios clave de cara a la Copa del Mundo de 2034 en Arabia Saudí, especialmente el proyecto Prince Faisal bin Fahad Sports City en Riad, sitúa al país en el centro de los flujos globales de capital y construcción, al tiempo que pone a prueba las expectativas internacionales sobre gobernanza, derechos humanos y transparencia en la organización de megaeventos deportivos.
La ofensiva saudí de estadios vía APP
El medio especializado MEED señala que los estadios se han convertido en “el elemento central” del programa de construcción saudí, dado que el país debe cumplir con las exigencias de la FIFA: al menos 14 recintos totalmente sentados, incluido un estadio de 80 000 localidades para el partido inaugural y la final, estadios de 60 000 asientos para las semifinales y recintos de 40 000 plazas para el resto de encuentros. Según MEED, la documentación de la candidatura prevé 11 nuevos estadios, lo que eleva el portafolio total a 15 recintos para albergar el torneo de 48 selecciones en 2034.
En agosto de 2025, MEED detalló que varias empresas locales, en consorcios con socios internacionales de España, Bélgica, China y otros países, ya han asegurado contratos principales de estadios, en un contexto en el que Riad reorienta sus prioridades de gasto hacia proyectos asociados a grandes eventos. Este giro refuerza el uso de APP y de experiencia extranjera, anclando la preparación del Mundial en estructuras comerciales de largo plazo con operadores e inversores privados.
Prince Faisal bin Fahad Sports City como emblema de las APP
El 18 de agosto de 2025, el portal Saudi Gulf Projects informó de que el Ministerio de Deportes, en coordinación con el National Center for Privatization & PPP y el municipio de la región de Riad, lanzó la fase de Expresión de Interés y Solicitud de Calificación para el proyecto Prince Faisal bin Fahad Sports City. Según Saudi Gulf Projects, esta APP seguirá un modelo de diseño, construcción, financiación, operación y mantenimiento (DBFOM) durante un periodo de entre 20 y 30 años, e incluye un nuevo estadio de unas 47 000 localidades al norte del parque King Abdullah, en el distrito de Al‑Malaz, como parte de un plan maestro deportivo más amplio.
El medio Partnerships Bulletin informó igualmente, el 17 de agosto de 2025, de que el Ministerio de Deportes y el National Centre for Privatisation & PPP habían publicado un anuncio de Expresión de Interés y un pliego de precalificación para este mismo proyecto, presentado como el primero de varios estadios que se entregarán bajo fórmula APP antes del Mundial de 2034. Partnerships Bulletin subrayó que el proyecto está destinado a acoger grandes eventos nacionales e internacionales, incluidos partidos de la Copa del Mundo, y será explotado mediante un contrato de APP de hasta tres décadas.
Contratistas internacionales e intereses financieros
De acuerdo con MEED, ya se han adjudicado cuatro grandes proyectos de estadios, lo que ilustra el grado de implicación internacional en el programa saudí. El medio informó de que, en diciembre de 2024, el Ministerio de Deportes concedió a Saudi Binladin Group el contrato para rehabilitar y ampliar el King Fahd Sports City de Riad, elevando su capacidad de 68 752 a 92 000 localidades para cumplir con las exigencias de la FIFA en los partidos de mayor perfil.
Asimismo, MEED explicó que en enero de 2024 la Jeddah Central Development Company, respaldada por el fondo soberano Public Investment Fund, adjudicó un contrato estimado en 6,7 mil millones de riales saudíes (en torno a 1,8 mil millones de dólares) para un estadio de 46 000 asientos en Jeddah Central a una unión temporal liderada por China Railway Construction Corporation y la empresa local Sama Construction for Trading & Contracting, con finalización prevista en 2026. En febrero de 2024, MEED añadió que Saudi Aramco otorgó un contrato de unos 3,7 mil millones de riales (cerca de 1 mil millón de dólares) a un consorcio formado por la belga Besix y la saudí Albawani para un estadio de 45 000 localidades en Dammam, integrado en un plan maestro de 800 000 metros cuadrados.
El mismo medio describió la adjudicación por parte de Qiddiya Investment Company, en octubre de 2024, de un contrato de aproximadamente 3,7 mil millones de riales a un consorcio entre la española FCC Construcción y la empresa saudí Nesma & Partners para el estadio Prince Mohammed bin Salman de 45 000 asientos en Qiddiya City, con césped retráctil, cubierta móvil y muro LED. En un comunicado aparte, Nesma & Partners confirmó haber firmado un acuerdo con FCC Construcción para presentar una precalificación conjunta para la APP Prince Faisal bin Fahad Sports City, y definió el futuro estadio como un recinto apto para partidos de octavos de final de la FIFA, diseñado para impulsar la inclusión, la participación comunitaria, la sostenibilidad comercial y el crecimiento económico.
El estadio King Salman y el portafolio de 15 recintos
Dentro del mismo paquete, MEED destaca que el estadio insignia King Salman, situado al norte de Riad y diseñado por el despacho estadounidense Populous, está llamado a albergar el partido inaugural y la final del Mundial de 2034, con una capacidad superior a 92 000 localidades y finalización prevista para 2029, tras la fase de licitación. Una panorámica difundida en redes sociales y citada por ArchDaily indica que el portafolio saudí de 15 estadios incluye ocho recintos nuevos y siete proyectos ya en marcha, lo que refleja la magnitud y el ritmo del programa de construcción.
MEED también menciona otros proyectos en cartera, como New Murabba Stadium, Roshn Stadium, South Riyadh Stadium, Qiddiya Coast Stadium, King Abdullah Economic City Stadium y Neom Stadium, conformando una red de sedes por todo el país. El medio añade que Roshn, uno de los grandes desarrolladores de “gigaproyectos”, ha recibido propuestas comerciales revisadas para un nuevo estadio de 46 000 localidades cerca de instalaciones de la Guardia Nacional al suroeste de Riad, y que ya se ha iniciado la contratación para la ampliación del propio estadio Prince Faisal bin Fahad Sports City bajo un modelo APP.
Propiedad extranjera y liberalización del mercado deportivo
En su cobertura de agosto de 2025, MEED subraya que la ola de APP coincide con una especie de pausa o recalibración de otros gigaproyectos, mientras el Gobierno redirige recursos hacia desarrollos vinculados a grandes eventos. Según el medio, este giro ha llevado a las autoridades saudíes a ser más transparentes sobre sus planes a fin de atraer inversión extranjera en sectores como el deportivo, tradicionalmente dominados por actores nacionales.
MEED calificó de “avance llamativo” el anuncio realizado en julio sobre los adjudicatarios de los derechos de propiedad y explotación de tres clubes deportivos, y destacó que el grupo estadounidense Harburg Group se hizo con los derechos del club de fútbol Al‑Kholood, convirtiéndose en el primer inversor extranjero en adquirir un club saudí. Partnerships Bulletin remarcó igualmente que este acuerdo, alcanzado cuando las APP se consolidan como herramienta para estructurar los estadios del Mundial, supone un cambio de modelo en la propiedad del fútbol saudí.
Gobernanza y transparencia en los esquemas APP
Desde la óptica de la gobernanza deportiva global, el mayor peso de las APP y de los grandes contratistas internacionales plantea cuestiones complejas. Los reglamentos de candidatura y organización de la Copa del Mundo, reforzados según la FIFA tras las críticas a ediciones anteriores, exigen compromisos en derechos humanos, protección laboral, no discriminación, sostenibilidad ambiental y lucha contra la corrupción en toda la cadena del evento, incluidas las infraestructuras. Sin embargo, esquemas como el descrito por Saudi Gulf Projects y Partnerships Bulletin para Prince Faisal bin Fahad Sports City reparten responsabilidades entre ministerios, el centro nacional de privatizaciones, autoridades municipales y consorcios privados, lo que complica la supervisión pública.
El modelo DBFOM mencionado concentra un poder operativo considerable en manos de los socios privados durante hasta 30 años, lo que obliga a plantearse cómo se garantizará la transparencia en contratación, adjudicación y explotación a lo largo de ese periodo. Sin salvaguardas robustas en materia de anticorrupción, publicación de contratos y mecanismos de reclamación para trabajadores y comunidades vecinas, será difícil demostrar que las APP vinculadas al Mundial se ajustan a los estándares internacionales y a los principios que la propia FIFA declara defender.
Riesgos laborales en la construcción de los estadios
Los artículos de MEED, Saudi Gulf Projects y Partnerships Bulletin no detallan los sistemas de protección de los trabajadores, pero documentan un despliegue acelerado, con contratos de gran volumen y fuerte dependencia de grandes contratistas, un patrón similar al de otras obras de infraestructura deportiva en la región del Golfo. A la luz de los antecedentes regionales de abusos contra trabajadores migrantes y de las violaciones documentadas durante la construcción de estadios en Catar antes del Mundial de 2022, organizaciones de derechos humanos reclaman mecanismos de supervisión independientes, garantías salariales y normas de seguridad reforzadas para cualquier megaevento en la zona.
En proyectos como el estadio de Jeddah Central, el estadio de Dammam, el estadio Prince Mohammed bin Salman en Qiddiya o el futuro King Salman Stadium, la escala y los plazos imponen a las autoridades saudíes y a las empresas privadas la carga de probar el cumplimiento de las normas internacionales del trabajo. En ausencia de una transparencia clara sobre los planes de bienestar laboral y de inspecciones independientes, el recurso a APP corre el riesgo de alejar a la FIFA y al público global de las condiciones reales que afrontan los trabajadores que construyen las infraestructuras del Mundial de 2034.
Derechos humanos, libertad de prensa y propiedad de los estadios
Las informaciones de MEED, Saudi Gulf Projects y Partnerships Bulletin muestran un aumento significativo de la inversión extranjera y de las participaciones privadas justo cuando las organizaciones de derechos humanos siguen denunciando restricciones a la libertad de expresión, de asociación y de protesta pacífica en Arabia Saudí. Aunque estos medios especializados se centran en contratos y hitos de proyectos, los observadores internacionales se preguntarán bajo qué reglas se gestionará la expresión de los aficionados, la exhibición de pancartas o las acciones simbólicas en estadios operados por consorcios privados.
Los estándares de la FIFA contemplan también la libertad de acción de los medios, incluida la posibilidad de informar sobre cuestiones sociales y políticas relacionadas con el torneo. En un contexto donde recintos como Prince Faisal bin Fahad Sports City o King Salman Stadium se entregan mediante APP de largo plazo, la cuestión clave es quién fijará y aplicará las normas de acceso y cobertura periodística, y cómo se armonizarán esas normas con la legislación saudí y con los compromisos contractuales con radiodifusores y redacciones.
Sportswashing y responsabilidad de la FIFA
Los datos publicados por MEED, Saudi Gulf Projects, Partnerships Bulletin, Nesma & Partners y otros actores evidencian que el Mundial ocupa un lugar central en la estrategia económica y diplomática saudí, con las APP y la entrada de capital extranjero presentadas como vehículos para una mayor integración en los mercados internacionales. Este panorama coincide con análisis que describen la acumulación de grandes eventos y acuerdos deportivos de élite como parte de un proyecto de poder blando que algunos críticos etiquetan como “sportswashing”, por el riesgo de que el brillo de los estadios y de las inversiones eclipse preocupaciones persistentes en materia de derechos humanos.
Al aceptar que estadios entregados mediante APP, como Prince Faisal bin Fahad Sports City y King Salman Stadium, se conviertan en pilares del Mundial de 2034, la FIFA y sus asociaciones miembro afrontan una presión creciente para demostrar que la complejidad comercial no se traduce en menor rendición de cuentas. Aficionados, organizaciones de la sociedad civil y ONG de derechos humanos examinarán hasta qué punto la supervisión de la FIFA se extiende más allá del Estado anfitrión para abarcar a concesionarios privados, consorcios constructores e inversores extranjeros que ahora forman parte del ecosistema del torneo.
Legitimidad y debate sobre la gobernanza deportiva global
Tal como recogen MEED y Partnerships Bulletin, el programa saudí de estadios vía APP refleja una transformación más amplia en la financiación y el control de los megaeventos, con fondos soberanos, multinacionales y capital extranjero profundamente integrados en el modelo organizativo. Esta tendencia intensifica el debate sobre la legitimidad de organismos como la FIFA, que ya no solo regulan a Estados sino también a complejas coaliciones público‑privadas cuyos incentivos económicos pueden entrar en tensión con los compromisos en derechos humanos y transparencia.
El nivel de detalle aportado sobre contratos de largo plazo, propiedad extranjera de clubes y proyectos de miles de millones de riales ofrece una visión clave de cómo se está configurando financiera e institucionalmente la Copa del Mundo de 2034 en Arabia Saudí. Para los actores internacionales, la pregunta central es si la arquitectura APP en torno a proyectos como Prince Faisal bin Fahad Sports City refuerza o debilita el marco de responsabilidad que la FIFA afirma defender, y si este torneo se convertirá en un caso de prueba para enfrentar —o consolidar— la convergencia entre gobernanza autoritaria, capital global y espectáculo deportivo de máxima audiencia.